18 de marzo de 2017

Ayer, Silencio, la de Scorsese. Veamos: el tema no es de los míos. Como nunca creí en ningún dios excepto este planeta al que tan mal tratamos, la verdad es que los temas de religión no son lo mío, como acabo de decir. Yo leería esta película comparándola (y contrastándola) con la maravillosa novela de Barbara Kingsolver sobre misiones en África, "La Biblia envenenada" y supongo que desde mi punto de vista, me quedaría con la novela. Pero la película está muy bien hecha y vale la pena.
Hay dos escenas que realmente me parecieron fabulosas, colocadas una en la primera mitad y la otra, casi al final.
La primera es una conversación entre el padre portugués Rodrigues, el protagonista y el Inquisidor japonés (interesante cómo ese nombre se da también en Europa y con la misma relación con la tortura, el espanto y el dolor solo que en Europa es el cristianismo el que lo hizo), donde se habla de la forma en que Europa está queriendo meterse en Japón y de la forma en que la religión es parte de eso. La conversación se da a nivel símbolo; el padre y el señor japonés se tiran historias que significan mucho, el uno al otro. La historia del japonés es maravillosa: un señor tiene cuatro concubinas que se celan y se pelean y le destruyen la casa. Se cansa y las echa de su casa. El señor es Japón y las concubinas España, Portugal, Holanda e Inglaterra. Yo recité los cuatro nombres apenas entendí: no sé mucho de historia japonesa pero eso sí.
La segunda es una conversación entre el padre al que Rodrigues busca en Japón (Ferreira) y Rodrigues en el que se habla de trasplantar culturas de un lado a otro del mundo y se contrasta esa idea universalista (tan europea) con la idea de que la cultura pertenece a cada lugar y no puede trasladarse (ni debe).
Además de esos dos momentos, tan estructuralmente colocados, y del horror que se muestra (muy fuerte y casi sin música), la acción está estructurada alrededor de las escenas de confesión que le da el padre Rodrigues al Judas de la película (no digo más). La escena repetida de ese momento y esa ceremonia funciona excepcionalmente: al principio tiene un valor enorme, en algún momento intermedio, es evidente que no es más que una serie de ritos automáticos que ya no significan nada. ¿Al final? No sé, probablemente, el final tiene que ver con el lado religioso de Scorsese y eso está muy bien (aunque yo no consiga compartirlo).
Comentario de Odi: Una película difícil. Sin duda.