23 de enero de 2019

Primera película después de las vacaciones... Fuimos a ver La mula porque además de todo, la daban cerca, en Adrogué. ¿La verdad? Me desilusionó. Y bastante. No siempre me gusta Eastwood, sobre todo porque viene desde una mirada muy conservadora, pero a veces le va muy bien conmigo porque soy amante del cine clásico, de las buenas historias. Por ejemplo, me gustó (con peros y mucho análisis) pero me gustó "Gran Torino"... Esta no. Algunos momentos, sobre todo comentarios sobre racismo, policía, violencia, me parecieron realmente buenos, sardónicos y exactos sobre ciertas características de los Estados Unidos... Pero nada más. El tema "familia vs. trabajo"..., bueno, es viejo y Eastwood no sale de ahí. El personaje sí, me pareció interesante, bien logrado, muy seductor, en cierto sentido, inolvidable. La historia...
Ayer, vi por fin el anteúltimo capítulo de la temporada de Outlander. Raro. Digo..., trato de hablar sin ningún tipo de spoiler pero... por si las, tengan cuidado. La última parte, la historia de un personaje fugaz, un padre religioso..., me disgustó hasta la médula (además de volver a afirmar mi opinión negativa de Roger, que viene de mucho tiempo). Creo que fue la primera vez en esta temporada hermosa (porque me gustó muchísimo) que me enojé con la serie. Sigo enojada..., pero lo pensé un poco más y algo que sí veo es que más allá de hablar de religión en una forma, si se quiere, muy clásica y hasta conservadora..., el episodio termina de una forma que va contra esa mirada anterior, muy profundamente y que, de pronto, se vuelve otra vez, una historia muy pero muy centrada en las mujeres... Lo voy a seguir pensando, supongo.

3 de enero de 2019

Comentario de Lidia Blanco, la gran estudiosa de la LIJ, sobre "Mirar de cerca"... Gracias... 


Excelente narración que explora las emociones de la adolescencia al tiempo que despierta el interés por la naturaleza y sus misterios. El ombú es protagonista principal y su posibilidad de albergar nidos lo vuelve protector y poderoso. Me gustó mucho!!!!! Como siempre en tu literatura aparece la naturaleza como fuente de vida y de esperanza. Los pájaros como símbolo de libertad y de vida. Un poema narrativo maravilloso.El diseño acompaña el clima de calidez de cada frase y nos permite recorrer los caminos de la poesía.





Ayer terminé Mary Shelley, una biopic en Netflix (también la miré en varias etapas). No me gustó y no estoy de acuerdo con la crítica de Las doce, una revista que amo, que la comparaba y consideraba relativamente parecida a Colette. Nada que ver excepto en la temática, eso sí. Pero Colette es una película buena, bien hecha, clásica, con buen guión... Mary Shelley me pareció desprolija, ridícula en algunas cosas, incomprensible por fallas en el guión en otras... En algunos momentos, hasta aburrida y eso que la historia de todo ese grupo (Shelley, Byron, Mary Shelley) es siempre interesante.

30 de diciembre de 2018

Este fue un año de pérdidas aunque no solamente. Nunca es solamente. Yo perdí mucho, por ejemplo, tenía tres lugares en los que hacía docencia y a dos los extraño mucho, a uno menos. Y el año empezó con pérdidas. Con Lili B. Y ahora, que es verano de nuevo (eso fue un 6 de febrero, un 6, sí, uno de los dos números que amo... y uno de los meses que siempre me gustaron más, tal vez eso me ayudó un poco como escribí en un poema en ese momento), me acuerdo de ese día, de que estaba sola, en malla, como estoy casi siempre en febrero y recibí un llamado de Lili. Era de Lili, de su teléfono. Caer de esa alegría me llevó creo que todo un minuto porque yo no conseguía entender lo que me decía la voz del otro lado. La relación entre "Lili" y "murió"; entre "Lili" y ese presente sin ella. Era como si me hablaran en chino. Me llevó un minuto largo bajar, dije, pero subir desde ahí hasta un lugar respirable me llevó más. Creo que casi todo el año y no creo que llegue nunca al lugar en que estaba cuando atendí porque nunca se vuelve al principio en esas cosas. Las ausencias siguen ahí, siempre. Así empezó 2018. Fue un año cruel. En muchos sentidos. Empezó después de la gran marcha contra la ley de jubilaciones del 17 y terminó en una paz incomprensible que duele también, que también es triste. Espero más del que viene. Mucho más. Tal vez no hago bien pero espero más. De nosotros y de la vida.
Los 31 de diciembre eran mi fiesta. Ese día comíamos afuera, no muchos más que los siete que éramos cuando yo era chica (mis padres, mi hermano, mi abuela, mi abuelo y mi tía abuela, los que vivíamos juntos), y había quedarse hasta tarde y comer despacio y el aire era blando y hermoso y tibio y charlábamos y comíamos chocolate y tomábamos gaseosas (eso nunca se hacía en casa en días comunes) y había regalos para todos y luciérnagas. Me acuerdo muy bien de la primera vez que conseguí quedarme hasta las 12 de la noche. No sé qué edad tenía exactamente ni qué pensaba que pasaba a esa hora en las noches de Año Nuevo, pero creía que pasaba algo: un cambio de color, una marca en el cielo oscuro que yo no veía nunca porque estaba durmiendo, una ráfaga de perfume, una bandada de pájaros en la noche. Algo. No hubo nada y esa fue la primera vez que pensé en los períodos que impone Occidente a la idea de tiempo (horas, años, segundos, minutos), y me di cuenta de que el tiempo era otra cosa..., algo más perpetuo y suave, más permanente. Al principio, me desilusionó, claro. Después, no. Ahora, cuando me quedo hasta tarde y miro los fuegos artificiales (a mí me encantan, la verdad sea dicha) que tiran otros a las doce y brindamos con amigos y repartimos regalos, porque lo seguimos haciendo, pienso que ese esfuerzo por marcar un día que en realidad es cualquiera es hermoso de nuestra parte y que está bien contar historias que no son y saber que por debajo, el planeta, mi único dios, respira todavía y sigue sembrando sus ciclos a pesar de nosotros.
Un año mejor para el que viene, ya que lo dividimos en dos noches, un año más entero, menos cruel... Con eso bastaría. Y sí, sí, también hablo de política.

29 de diciembre de 2018

Ayer, viernes, fuimos al Patio Bullrich (lugar que siempre me pareció que, cuando lo visitaba desde el Lenguas para pasar el rato, me pareció un lugar de contacto con personas que pertenecen a otro mundo, y siempre me dediqué a mirar actitudes y vestidos, y lenguaje..., en general, una sociedad a la que no pertenezco, con la que no me cruzo y que en general, está en mis antípodas) a ver Tres Rostros (para mí horrible traducción en lugar de Tres caras) de Panahi. El mismo director del que vimos Taxi Teherán la semana pasada. Me gustó mucho menos que la otra, la verdad, aunque se le ve la mano, el estilo, es claramente una película del mismo realizador... De nuevo, lo hermoso es el guión, el uso de colores y ropa y gestos para dar señales de final y de comienzo y de cambio, el manejo de la tensión y los estallidos que producen las historias de las personas con las que se cruzan los personajes principales (él, siempre, una actriz famosa de Irán y una chica joven que quiere ser actriz pero no puede porque se lo prohíbe la familia). Me encantó la fotografía de esos lugares tan diferentes de los nuestros, las creencias y las ceremonias, las noches secas en una aldea que podría ser medieval pero es siglo XXI. A diferencia de lo que afirmó uno de los que asistieron al cine club del viernes pasado, yo creo que lo que cuenta Panahi no es "la humanidad" (el cliché al que se apeló en ese momento fue "pinta tu aldea y pintarás el mundo") sino todo lo contrario; él cuenta algo que es propio de su cultura, su experiencia de vida como hombre en Irán, tan absolutamente distinta de la nuestra en casi, casi todo. Tres caras tiene el premio al mejor guión original en Cannes. Y está bien: es un muy buen guión. Pero no me llenó como la película sobre el taxi. Lo que sí se repite y emociona, sobre todo para mí, como artista, es lo que dice de nuevo sobre el cine como resistencia.


28 de diciembre de 2018

Ayer terminamos de ver Roma en Netflix..., sí, no la vimos toda junta, los críticos me matarían pero nos lo impiden nuestras costumbres: vemos televisión solamente a eso de las 9 o 10 de la noche y muchas veces, Odi no puede terminar así que la dejamos y la vemos al día siguiente. Nos llevó tres días. No es lo mismo, ya sé y yo lo lamenté mucho pero el intento de verla en el cine fracasó porque el BAMA es un cine muy feo y cuando llegamos era tal la cola que era evidente que íbamos a tener que verla en la fila 1 o algo así... así que nos fuimos.
Diferimos, Odi y yo. A él le pareció "bien" y nada más. A mí, me pareció magnífica. La calidad de la fotografía, claro... pero no solamente eso como dijeron algunos. No, hay mucho más, sobre todo el guión... Por ejemplo la forma en que se van dando las marcas de final, ese volver al principio en varios sentidos, uno, tal vez el más impresionante, el avión de los títulos (¡¡qué secuencia increíble, con el agua para lavar ese patio que es protagonista, y el avión que se refleja sobre ese agua durante un breve instante; una secuencia que plantea ya la posición de la "chica" amerindia que lo hace mientras se muestran los primeros nombres!!!), que vuelve a aparecer en la última escena cuando ella sube la escalera hacia la terraza..., con toda la ropa; ese momento en que parece que todo "volvió a la normalidad". Pero no, no es así. No es así, todo ha cambiado: el padre ya no va a volver; ella, la mucama, sufrió varias pérdidas que la dejaron marcada; hay violencia entre los chicos. Hay marcas físicas de ese cambio, sobre todo la piedra que agujereó el vidrio de la puerta reja y se ve en el patio. La forma en que se ve el México de Cuarón, una especie de panorama sesgado (como todo panorama): las clases y las razas y los géneros, todos terriblemente importantes en esa sociedad; los idiomas (no solamente el castellano, claro); las culturas diversas; los paisajes; la idea de los autos y las vacaciones y la Historia, por ejemplo, cuando se habla de terrenos robados por los blancos o del día de la represión a los estudiantes; el personaje del novio de la mucama..., la forma en que se lo va llevando hacia lo que es..., una víctima y también un victimario. Hay algo intensamente poético en todo ese recuerdo agrio y también dulce, en el que late, desaforada, la violencia... Además de todo, habría que estudiar los segundos planos: son tan, tan cuidados y al mismo tiempo, tan creíbles (en la marcha de los estudiantes, en el entrenamiento de los ¿parapoliciales?, en la tienda grande al final, en las calles, en la casa..., siempre hay algo que ver y algo absolutamente creíble). Una gran película desde todo punto de vista.

27 de diciembre de 2018

La otra fue que fuimos a un Video Club de Paternal con amigos de Paternal. Como me pasa siempre en los Video Clubes..., para mí no fue una experiencia del todo satisfactoria (pero eso es cosa mía). Los debates suelen ponerme nerviosa y ahí sentí varias veces que no me dejaban hablar. Y al final, ni siquiera insistí..., no importa. Todo el mundo estaba bien, hablaban con libertad pero había cosas que no me cerraban. No..., yo prefiero ir al cine y ver la película y después charlar con amigos... Nunca me terminó de satisfacer ese tipo de arreglo aunque no niego que el problema es mío (y alcanza otros lugares por el estilo relacionados con el arte como talleres de escritura..., se ve que no es mi formato). Dejando de lado eso, vino una película de Panahi, del que acaba de estrenarse "Tres rostros", la última. La que vimos es anterior y se llama "Taxi Teherán". Yo fui con muuuucha desconfianza porque la verdad es que vi poco cine iraní y lo que vi no me gustó nada. Kiarostani (sorry, soy sincera) me durmió mal las veces que lo vi. No..., ese ritmo es imposible para mí. Y este hombre fue su ayudante. Después, cuando la organizadora del Video club habló de sus películas anteriores, me di cuenta de que vi Off Side de Panahi y me gustó mucho más que El sabor de la cereza... Y esta, Taxi, me pareció muy buena..., la idea de no salir nunca del taxi y mirar todo el tiempo por esa cámara, el guión (excelente, nada de que fuera espontáneo..., eso sí que fue algo que la organizadora no debería haber dicho), las actuaciones (fueran o no actores profesionales), las reflexiones, los temas que se encadenan y se tocan todo el tiempo: censura, maltrato a las mujeres, hambre, mercado negro, falta de libertad y el director real (Panahi) en persona y como actor principal o por lo menos constante. Y sobre todo (y esto no llegué a decirlo, no me dejaron), el uso de colores, todos sepia y beige durante toda la película y al final, un estallido de rojo en las rosas yen los vestidos de dos mujeres que pasan frente al vidrio. No sé si iré a ver Tres Rostros pero Taxi es recomendable.


21 de diciembre de 2018

Un regalito de principios de verano (ah, pero no del todo, claro..., este año lo mejor de la vida se atrasa y se atrasa): me escribe en un post la hija de la que fue mi maestra de Humanidades en sexto y séptimo grado..., cuando yo todavía era feliz en la ENAM, como se llamaba la escuela entonces (el desastre vino después, en segundo o tercer año de secundaria). La Merlo, se llamaba... Me dice Laura, su hija (que vivía enfrente de mi casa entonces), que ella se acuerda de mí..., de que me gustaban sus materias (no las de la maestra del lado científico, claro, cuyo nombre también recuerdo, cosa rarísima en mí), que siempre me lee a los 90 años. Hermoso pensar en eso... Me acuerdo que ella y un grupo de nosotros hicimos un stand para la Feria de Ciencias que era sobre ¡¡¡Historia!!! Fue revolucionario pero es que a nosotras no nos interesaba nada la cosa biológica, matemática, física u otros horrores por el estilo... Y tuvimos muchísimo éxito, porque éramos los únicos. Era sobre el dinero. Me acuerdo de cruzar la Avenida Yrigoyen para ir a trabajar en ese stand en la casa de ella... Gracias, señorita Merlo..., yo también me acuerdo muy bien de usted.

19 de diciembre de 2018

Anoche, terminamos la primera temporada de Mi amica genial, la serie italiana sobre las novelas de Ferrante, que no leí y que no conocía... Hermosa. Me pareció realmente buena, emocionante, los lugares impresionantes, la mirada femenina muy cuidada, las actuaciones también (dos chicas de secundaria, la verdad, y hay un documental sobre ellas que no me terminé de ver porque era muy típico de los que se hacen para documentar una filmación y demasiado larga). El problema de Italia, las mafias, las familias poderosas y los de abajo tiene características iguales a las que vimos mil veces en películas pero desde un punto de vista femenino (y eso es diferente, siempre)... Entre las mejores de este año, seguro.

17 de diciembre de 2018

https://malba.org.ar/evento/curso-mujeres-del-genero-fantasia-ursula-k-leguin-liliana-bodoc-y-barbara-hambly/

Hace dos o tres días (no anoche, el domingo es día de My brilliant friend), vimos una película tana que tenía buen comentario, Lazzaro Felice, en Netflix. La verdad, más la pienso y menos me gusta. Empieza en un tono totalmente realista, tipo neorrealismo italiano, sobre la forma que toma la esclavitud en el interior de Italia pero después de cierto punto, hay una variación enorme y pasa a ser casi totalmente fantástica, mezclada incluso con un tono de cuento de hadas triste. Lo metafórico es evidente (y cuento, a mí sí me gusta lo político y lo jugado políticamente) pero me pareció forzado, mal pensado el final, no sé..., los personajes demasiado variables e impredecibles. No..., no me gustó.

Lazzaro felice (2018)

15 de diciembre de 2018

Ayer, antes de la reunión con el Colectivo LIJ, como me sobraba el tiempo (los que vivimos lejos llegamos o muy tarde o muy temprano; mi vieja me inculcó la llegada temprana obligada con pena de verguenza y culpa si no se cumple, así que yo llego muy temprano), me metí en una de las varias ferias americanas que hay en Rodriguez Peña (voy cada tanto, a mí me gusta mucho buscar en esos lugares, incluso cuando salgo sin nada; el placer es igual que cuando voy a librerías de viejos), una de rusos (hay por lo menos dos cuyos dueños son de esa nacionalidad). Mientras yo buscaba lo que busco siempre (polleras con bolsillos, encontré pero no me quedaban y camisas con broches, no botones, estilo medio escocés), escuché cómo un hombre (ahora hay hombres en las Ferias americanas, me parece todo un dato: se compran ropa ahí), un argentino, le preguntaba si "estaba harta ya de la Argentina". La mujer hablaba castellano (bastante bien) pero era evidente que no entendía "harta". Yo soy tímida, no intervine pero cuando el hombre se fue, le expliqué a la señora que la pregunta que nunca había entendido era si estaba "cansada" de la Argentina. Nos pusimos a hablar. Ella dijo que cuando llegó también había crisis (2002, nada menos) y que ahora todo está peor..., que antes todos eran "muy civilizados" (no, no la eduqué sobre el problema de esa palabra viniendo de alguien relacionado con Europa), "muy europeos" (agregó, empeorándolo un poquito más). Y ahora menos... No quería hablar de economía pero yo le dije que esa supuesta "desmejora" que ve tiene una relación estrecha con lo económico. Nos reímos juntas. Le dije que mis abuelos vinieron de su país y que yo me acordaba de las canciones en ruso de mi abuela (no la letra pero sí el tono). Compré una camisa manga corta, por supuesto de hombre (en general, son las únicas que me gustan, con broches). Y me fui a reunir con los fabulosos cuatro, Mario Méndez, Vero, Sandra Comino y Alejandra Erbiti. Esa parte del día fue muy buena.
Bueno, hoy 15 de diciembre, lo hice. Me faltaba tirar todos mis cuadernos de notas, los papelitos que usaba en clase (todo menos las fichas porque quiero seguir dando clase; menos las fichas que son mi base de clase, nada de Power Point, y, claro, las notitas de evaluación de mis clases de los alumnos, algunitas malas y otras muy buenas, la mayoría debo decir: esas me las guardé para releerlas algún día), las carpetas viejas, las monografías que nunca vinieron a buscar..., todo eso. Los estantes de ese lado del armario quedaron raramente ordenados (por poco tiempo, espero). No quise hacerlo en julio (el primer mes después de la jubilación, en el que todavía iba a tomar examen porque sí, porque quería) ni hasta ahora porque tenía miedo de deprimirme. Hoy lo hice por fin y no porque estoy bien. Al contrario, porque creo que toqué un piso, transitorio supongo, una especie de estante, en lo mal que me siento por la jubilación así que supuse que no podía ser peor. Tuve razón: no me molestó demasiado. Yo siempre amé tirar las cosas que no uso. Siempre. Soy de las que no guardan. Hoy, no tanto. La sensación es el alivio de siempre al tirar y al mismo tiempo la rabia por tener que hacerlo. Por suerte, el verano está acá..., un verano sincero y abierto, con calor, con sol, con luz..., como me gustan. Este fue un año malo (con sombras, sombras, sombras y alguna luz, claro, nada es totalmente malo nunca) y yo quiero que se termine y que el próximo sea mejor... Aunque fuera un cachito mejor. Sin traducción, sin libro ya escrito para pasar con apuro a la compu (esas dos cosas las terminé hace una semana apenas y no fue bueno terminarlas), pensemos en las vacaciones. Mientras tanto, hoy, para sentir que las vacaciones son eso, vacaciones solamente, ya estoy planificando un libro académico más, uno más solamente... Tengo material para eso: así que, en lo que de mí depende, sigo.

14 de diciembre de 2018

No soy internética, soy bastante antigua y lo era, creo, desde chica: siempre me costó adaptarme a nuevas tecnologías de la clase que fuera y siempre tuve una mente nada práctica. Pero hoy, que estuve de charla un ratito con mi hija, Tam Painé, ella tan lejos, en el peor de los inviernos y yo acá, en un verano que no empieza más, agradezco esa posibilidad y me acuerdo hace tan, tan poco, en 2003, cuando me quedé dos meses en California..., en una beca..., lo mucho que me emocionaba oír la voz de los míos a la distancia. El resto era todo correo electrónico..., nada más. Las voces, muy de vez en cuando en una cosa tipo Skype que no volví a usar jamás en Argentina. Gracias, hija, por llamarme y poder oírte respirar y ser allá en el Norte y porque me comentaste cómo no consiguen entender que "América" somos todos, inclusive nosotros, en el Sur del Sur... Un abrazo grande a lo lejos.

13 de diciembre de 2018

Bueno, como era una película que quería ver (dijera lo que dijesen los críticos de Página, que no suelen coincidir conmigo, con excepciones por supuesto), me fui solita a ver Colette y fui al Hoyts (por horario y cercanía con Corregidor, donde tenía que ir después). Años que no pisaba ese cine ni ese shopping y sigue sin gustarme salvo ciertos rincones donde se le quiebra la pátina y vuelve a ser el edificio original.
Colette me gustó bastante. No es una película rara ni muy original en cuanto a narración pero yo tenía curiosidad; me preguntaba cuánto de la vida de la joven Colette iban a ser capaces de poner en pantalla. Y la verdad es que ponen mucho. Me gustó que la relación con el marido, Willy, se planteara con tanta complejidad, con tanta profundidad, sin apelar a lo binario..., que el personaje del marido se tratara de esa forma, haciéndolo lo que probablemente era (y somos muchos), tanto un monstruo como un seductor, y de a ratos, alguien casi querible. Me gustó la forma en que se va forjando en el relato la Colette que más tarde llegó a ser famosa; me gustó que aunque todo está hablado en inglés los escritos de ella estén en francés cuando los enfoca la cámara. Keira Knightly es una maravilla, para mí siempre lo es (excepto tal vez cdo el personaje no debería ser lindo como en Orgullo y prejuicio..., pero eso es error del casting, no de ella, o una cuestión comercial). Además, el tema (la mujer, los límites sociales a su crecimiento y también la resistencia contra esos límites) está donde debe estar en nuestros días: en el centro del escenario, así que es una "película para este momento".
Uno de estos días, creo que el martes (pero el miércoles estuve 12 horas y media fuera de casa y me olvidé de todo y ni me acerqué al Facebook), terminamos de ver Bodyguard, con el actor que era Rob Stark (aunque a mí me costó mucho reconocerlo), y que, por otra parte, la rompe en cuanto a la actuación. Está bien hecha (es inglesa), la tensión es constante, está muy bien el argumento, hasta hay sorpresas (que no digo por si alguien la quiere ver). Pero el nivel de conservadurismo profundo que hay ahí..., es increíble. Y lo meten despacito a nivel argumento solamente: muchas mujeres muy poderosas, eso sí, la principal con una mirada horrible de la seguridad (en ideas se parece a cierta ministra pero esta es inteligente y astuta); hay una mirada casi destructiva de lo que sería la definición de "víctima" en el caso del terrorismo... Si uno saca las conclusiones que lógicas, la verdad es que la serie parece decir que no se puede ser piadoso, no se debe... La familia, por supuesto, es el centro del mundo (no la comunidad, la familia, claro). Cuanto más la pienso, menos me gusta.
Ayer, por fin, hice el esfuerzo de terminar esa película de m. de Netflix que empecé a ver porque me gusta Giamati (no sé si se escribe así) solamente. Se llama Private Life. Bien trabajada, bien hecha, diálogos razonables, Giamati increíble como siempre. ¿Y? Terminó y me pareció absolutamente vacía. No entiendo de qué se trata, para qué se muestra esa historia..., para qué contarla. En fin..., no, es la historia de una obsesión..., solamente eso y no va más allá.

11 de diciembre de 2018

nteligente, y una rubia de ojos claros, la primera persona. Lila y Lenú. Es hermosa, desde las locaciones y las actuaciones hasta el argumento y los diálogos. La crueldad de esos tiempos duele en el alma. La fortaleza y la resistencia también, sobre todo de las mujeres, claro está (aunque no de todas). La verdad es que es hermosa y anoche, en el capítulo cinco (no sé cuántos son pero supongo que es una miniserie o serie limitada, como la llaman ahora porque se basa en una novela que yo no conocía), el final fue casi insoportable para mí. Y los paralelos entre esa escena y otra anterior..., impresionantes. No digo más, seguramente haga una crítica más profunda cuando termine de verla. Pero la estoy viendo como me gusta a mí: los días que la dan..., en el horario en que la dan.
Opiniones sobre series dos
Outlander, temporada cuatro. No la vi completa así que esta también es provisoria. No quiero entrar en la comparación libros-serie (sobre todo porque a mí no me gustaron mucho los libros y los dejé y en cambio, la serie me encanta), solamente decir que en el último capítulo que dieron en Fox (otra que veo cuando la dan si puedo, voy semana tras semana como corresponde al placer del folletín, el de la espera), se vio con claridad la mezcla rara que a mí me gusta de esa serie: una idea básica muy anticuada y muy romántica (en el mal sentido, quiero decir ese sentido que, no puedo negarlo, a mí me da mucho placer, me conmueve, pero que sé que es cruel y políticamente deleznable), la del único amor verdadero, eso de que hay, debe haber una única persona para cada uno, esa idea, pero mezclada con una serie de diálogos y posiciones que implican miradas mucho más modernas y para mí admirables --no más modernas que el siglo XVIII en que transcurre una parte grande de la historia sino más modernas que la década de 1960 en que transcurre otra...--. Esa mezcla es rara y a mí me fascina aunque entiendo que a otros les cause irritación, eso tiene que ver con el gusto en el que siempre creí y sigo creyendo. Mientras los dos hablaban del amor verdadero (que coincide en ellos: para los dos es la misma persona), dos personajes (no digo quiénes) se entienden, se confiesan, se rozan y se conmueven con adultez, con apertura, con lógica, aunque son rivales. Y lo que dicen sobre géneros es excelente en ese contexto porque naturaliza lo que siempre se trata de considerar "antinatural". (Ya lo sé: parece un galimatías pero es que estoy tratando de no adelantar nada). Esos diálogos son para mí una belleza y me gusta la forma en que están insertados en un marco mucho más conservador. Para no decir del placer que me da el caballo blanco que tiene Jaime en esta parte de la historia.