21 de noviembre de 2018

https://www.elhistoriador.com.ar/yo-quiero-corregir-la-historia-entrevista-a-jose-saramago-por-margara-averbach/?fbclid=IwAR2l8CUBnZntUB39aj9vSNpMVJjG-kGyi2YUpLnGilopjXVZBLnYAZxdz94

Entrevista a Saramago.

15 de noviembre de 2018

Sagas contemporáneas: sensaciones sobre escribir/descubrir un mundo que se expande

 
Le pedimos a Márgara Averbach, autora, entre otras importantes obras, de Historia de los Cuatro Rumbos,publicada por SM, que nos escribiera algo sobre su experiencia como escritora de sagas. Y tuvimos la suerte de que, generosamente, accediera a hacer este trabajo: un lujo que compartimos con los lectores de Libro de arena.
¡Muchas, muchas gracias, Márgara!



Por Márgara Averbach

Hay algo adictivo en las sagas, como lo hay en las series de televisión o de cine, y tiene que ver con volver una y otra y otra vez a un mundo que por alguna razón nos fascinó, sentir que uno lo va entendiendo de a poco, que lo escucha hablar. A mí me pasó con ciertas series, esas series que nos emocionan cuando vuelven en la siguiente temporada, después de un año, casi como un reencuentro con un amigo querido y ausente. Los mundos inventados que se construyen tanto con imágenes como con palabras necesitan tiempo para volverse sólidos, para entenderse a ellos mismos. A veces, una sola película, un solo libro no son suficientes. Supongo que fue por eso que un mañana, en una escuela, los chicos me pidieron una segunda parte para un libro que les había gustado mucho.
En este artículo breve, quiero contar un poco las razones por las que escribí mi saga de cuatro tomos que se llama Historia de los Cuatro Rumbos y por las que estoy escribiendo otra que todavía no está publicada.
Yo no planifico lo que escribo. Eso me separa enormemente de algunos autores que también escriben sagas, entre otros, mi amiga, Liliana Bodoc. Ella siempre supo que su trilogía sobre los Confines iba a tener tres tomos; supo desde el principio qué se iba a contar en cada uno. Yo no puedo hacer eso. Cuando empecé a escribir Historia de los Cuatro Rumbos, no sabía que la historia iba a llevarme más de un libro. Empecé por una escena que viví en Brasil, en la ciudad de Vitoria, cuando me llevaron a visitar una Reservación Guaraní.  En la Reservación entendí por fin profundamente la diferencia entre la visión del mundo de los pueblos de América (digo, los que estaban aquí mucho antes de que llegáramos los europeos) y los europeos. La conocía, claro, porque estudio las literaturas contemporáneas de los amerindios de los Estados Unidos pero no la había visto fuera de los libros. No así. Esas visiones del mundo entienden que somos parientes de la Naturaleza y, como son holísticas, entienden también que todo está relacionado con todo, desde el más pequeño de los microbios a nosotros; desde ese microbio al más enorme de los árboles. Cuando vi lo que vi en ese lugar, sentí que necesitaba escribir sobre un mundo en el que todos pensaran que no somos los dueños del planeta sino parte de él, una parte más solamente. Un mundo en el que se dejaban las ventanas abiertas para que entraran los pájaros.
Y entonces, elegí la fantasía (como traductora, me niego a llamarla “fantasy”) porque ese género me permitía inventarme un mundo nuevo, mío, para ver cómo funcionaría ese modo de pensar en una historia y adónde llevaría a quienes los sostuvieran. Hubiera podido escribir sobre los guaraníes o sobre los lakotas o los navajos pero eso habría sido éticamente horrible: no deben contarse las historias de un pueblo que la cultura del que escribe dominó y leyó muy erróneamente.
Fantasía, entonces.
Me senté a escribir. Y seguía pensando que esa historia ocuparía una novela, una sola.
Escribí, encontré a mis personajes (yo dejo que ellos vengan, no los llamo, y vienen si escribo, si dibujo las palabras en el cuaderno porque necesito hacer el primer borrador en un cuaderno, con birome), ellos me dijeron quiénes eran (los Cuatro de Alera, protagonistas de la saga). Y seguí el camino con ellos y de pronto, me pareció que el libro estaba terminado pero no del todo porque habían quedado muchos hilos de la historia sin terminar. Así que en ese final, me di cuenta de que por lo menos tendría que escribir un tomo II, ensanchar ese mundo, conocerlo hasta más allá de ese primer horizonte.
Creo que la Historia de los Cuatro Rumbos es un buen ejemplo de lo que digo (que los mundos inventados necesitan lugar para ensancharse) porque, salvo excepciones, las sagas inventadas suelen necesitar mapas para que los lectores entiendan el espacio. Yo hago los míos de a poco, a medida que voy descubriendo de qué se trata. Y mi mapa del primer tomo llegaba hasta un punto solamente. Cuando me puse a escribir el segundo, el mapa se abrió, o la altura desde la cual yo veía ese mapa se hizo más alta y de pronto vi otro país, un archipiélago de islas en el que transcurre el segundo tomo. El primero quedaba al Oeste. Y de pronto, porque la historia me lo pidió, vi el formato final del libro: un tomo por el Oeste (ese era el primero), uno por el Este (el que estaba escribiendo) y después uno por el Sur y uno por el Norte. En el segundo tomo, supe que completaría mi mundo explorándolo punto cardinal por punto cardinal (y los puntos cardinales son sagrados para los pueblos de todo el continente americano, desde los mapuches hasta los inuit, en Canadá). Lo recorrería hasta que las crisis que lo sacudían (ecológicas y políticas) se fueran resolviendo o no…, según me lo pidiera la historia.
Una vez, en algún momento en que compartimos una mesa redonda o una presentación, Liliana Bodoc dijo algo interesante sobre la fantasía, algo que repito cada vez que puedo: que para entender esos mundos inventados que solamente existen en la mente de la persona que los crea, los lectores tienen que ser abiertos, pacientes. Tienen que saber esperar hasta que ese mundo desconocido se les revele en toda su plenitud. Es cierto. Sobre todo cuando la fantasía escapa a los clichés y se refunda en cada libro. Y aquí, lectores y escritor o escritora siguen un proceso paralelo: el mundo al que entraron se les hace cada vez más comprensible, cada vez más fácil de entender.

Historia de los cuatro rumbos, Márgara Averbach, SM Ediciones, 2004 - 2009.

A mí, como escritora, el mundo que había creado en el tomo I se me ensanchó. Se volvió cada vez más sólido dentro de su propia lógica. Cuando llegué al tomo IV y tuve que recoger todos los hilos que había construido (además de crear nuevos, por supuesto, me gustan los finales abiertos), entendía más que al principio. Había empezado a ser habitante de ese planeta de cuatro continentes. Hay lectores que dicen que no toleran la fantasía porque les cuesta mucho entrar en ella. Porque el referente no existe y hay palabras que no significan nada al comienzo (los nombres de los animales y de los personajes en mis mundos no significan nada hasta que significan). Dicen que eso los marea. Cuando se tiene curiosidad y la lectura de ese tipo de historia da placer (yo soy una ferviente defensora del gusto: si no hay placer, nada de esto vale; a mí nada que me digan va a hacerme cambiar de parecer sobre el terror, que no leo, no leí, no miro en el cine y al que no quiero acercarme), hace falta paciencia. Las sagas se abren despacio y es ese abrirse lo que más se disfruta. En una primera lectura, las sagas duran lo que duren los libros. Y está bien que así sea. En una segunda, tal vez todos los que las amamos, queremos “una más, una más”. Y después otra, por supuesto.

14 de noviembre de 2018

Nota sobre el estado de la industria editorial.

https://www.pagina12.com.ar/155191-el-estado-quiere-un-pais-ignorante?fbclid=IwAR2YjekYyr_vihqOcmUlxAm87kUeD_D68oagQEdhhc-yhIh-pxQLXM37vuc


13 de noviembre de 2018

Las tipas de Buenos Aires son árboles hermosos, troncos negros como la noche más negra, hojas verde oscuras que duran todo el invierno y son (por lo menos para mí, que odio esos meses) un refugio intenso para los ojos cansados de ver el vacío sobre troncos que esperan septiembre. Ellas nos acompañan hasta que, de pronto, llega la primavera y el verde estalla en todas partes y entonces, solamente entonces, en septiembre, las hojas de las tipas caen despacio y enseguida, en menos de un mes, vuelven a nacer y entonces, el verde es claro, claro, hermoso, una especie de encaje de ese color de comienzos y juega a la escondidas con los troncos negros y no hay nada, nada, más bello.



12 de noviembre de 2018

Ayer me miré grabada "Mi cena con Hervé", porque reunía dos cosas que me interesaban: a Peter Dinklage, que me parece un actorazo al que conocí en Muerte en un funeral y después en Game of Thrones, y el recuerdo de las cuestiones de bambalinas de una serie de que la que habré visto tres o cuatro capítulos (no era western, por lo tanto, no me interesabe demasiado pero sí más que Gilligan y otras comedias): La isla de la fantasía. Peter Dinklage es impresionante, dentro de mi ignorancia, lo que hace con la voz, el tonito francés del actor original al que representa, las caras..., todo eso..., me parecieron excelentes. Y la ambientación y la forma en que reconstruyen la serie también. Y eso es todo. El guión (raro para HBO pero también pasa)... muy malo. Los clichés, los entiendo.. Los golpes bajos no... No me gustó nada.

10 de noviembre de 2018

Bueno, volvimos al cine ayer después de bastante (yo había ido a ver El camino de Maldonado pero sola y no en un cine sino en un local, había sido una ceremonia diferente). Fuimos a ver Cold War. El blanco y negro del director polaco es el típico del cine polaco que yo miré muchísimo en un momento de mi vida, digamos, la adolescencia y primera juventud: de una belleza impresionante, las tomas perfectas y pensadas, esa perfección y esa belleza que me hizo recordar mi Hamlet cinematográfico preferido, no el de Lawrence Olivier (que me gusta pero no tanto como película) sino el ruso... Y la estructura también era así: con esa circularidad que vuelve al comienzo, a uno de los lugares del comienzo cuando está por terminar. Pero fuera de eso y de las actuaciones (excelentes) y la música (porque es una película sobre música polaca), no..., no me conmovió. Y ahí es cuando hay que volver a los gustos (en los que siempre digo que creo): a mí este tipo de películas, que cuentan una historia diminuta, personal, individual, si se quiere hasta psicológica (porque el problema es de los personajes más que del mundo en el que se mueven), no me llegan, no me terminan. En Cold War, la Guerra Fría del título está ahí sí, pero no es más que el fondo de la historia. No es protagonista, no produce cambios. Eso..., francamente, me desilusionó.

2 de noviembre de 2018

Ayer me vi una película para adolescentes que me llamaba la atención, Sierra Burguess is a Loser, un título sumamente yanqui, en Netflix. Por la cola y demás era evidente que trataba un tema que yo trato mucho (porque en cierto modo, habla de mi tiempo en la secundaria): el de los diferentes en ese nivel de la escuela, los que están solos y sufren bullying. AL principio parecía lo de siempre pero la verdad es que, clichés y todo (que los tiene), hay una vuelta o dos del guión (la relación entre Sierra y la linda, mala, popular del curso, sobre todo) que me dejaron satisfecha. Y como siempre que veo comedia romántica (adolescente o no), hay algo de placer culposo en disfrutarla como la disfruto. Ojo: si no van por ese lado, y les gusta lo crudo y duro, ni lo intenten.

1 de noviembre de 2018

Ayer, me fui a Lomas al local del PJ a ver El camino de Santiago. Era cerca, un horario razonable y fácil de hacer. No había logrado hacerlo hasta ahora. Llegué un minuto tarde porque como siempre, cerca del centro de Lomas, incluso a las 7,30 de la noche no conseguía estacionar y encima, típico, bajé del auto y a la cuadra me di cuenta de que me había dejado el teléfono en el auto así que más tiempo. Todo mal. Cuando llegué me sorprendió el lugar, inmenso, la pantalla, totalmente de cine, mejor que algunas del Cosmos y los cines chiquitos del Artemultiplex, y la cantidad de gente. Miré la primera parte de la película de pie (y yo no aguanto mucho, estaba preocupada). Finalmente, conseguí una silla porque había asientos perdidos que nadie veía y me senté. La película me ordenó lo que yo ya sabía y la idea del "camino" es muy buena: porque el camino empieza con la horrenda "Conquista del Desierto" y termina en la muerte de Rafael Nahuel, en la última pregunta que hace la voz en off de Darío Grandinetti sobre la represión y el futuro. Las opiniones y caras de los mapuches de la comunidad en la que pasó todo..., las conocía y el tema central es la visión del mundo amerindia del vivir bien contra el deseo de dinero y posesión de Occidente y los "blancos". Las tomas de drones, por ejemplo, el bellísimo Lago Escondido que se robó Lewis (más la defensa que hace Macri de ese hombre), impresionante. Y hay dos escenas que yo nunca había visto. Dos. Una es en Italia. Una inauguración de obras del artista que tiene que ver con la campaña "United Colors of Benetton" en un lugar terriblemente elegante y lujoso, Benetton incluido. Un periodista, un chico joven, increíblemente valiente, le saca una foto de Maldonado y le pregunta. Eso fue... electrizante. Y la escena en que revisan en el río y encuentran el cadáver... yo no la había visto..., me llenó de espanto.


31 de octubre de 2018

Como con la primera tanda, repito ahora las 10 películas que hice en esta segunda vez por pedido de Daniela Bentancur:
-Wall-E (Pixar)
-Clear Cut (película amerindia impresionante)
-West Side Story (musical)
-The visitor (con Richard Jenkins)
-El Gran Lebowski (de los Cohen)
-The Shawnshalk Redemption (con Tim Robbins)
-El ultimo verano de la Boyita (argentina y hermosa)
-Clockers (de Spike Lee)
-Sirenas (de Australia)
-Romeo + Julieta (de Baz Luhrmann)

30 de octubre de 2018

Diego me conmueve siempre. Yo soy anti Boca de alma (no me pongo a explicar razones)..., nada que ver con eso (escuché muchos testimonios de bosteros y los entiendo pero yo no voy por ahí). Para mí, verlo jugar era ver a un mago, a un hombre con alas, a un artista (para mí la belleza del fútbol es esa, que es un arte, como digo en el único cuento largo que escribí sobre fútbol, Dibujos en la canchita). No me olvido de algunos goles que le vi en la Selección (único fútbol que miro). Gracias, Diego por el viaje en tren a Mar del Plata el día del No al ALCA, gracias por tu vida y porque sos pueblo y siempre lo fuiste, por tus palabras, por tu juego mágico y profundo. Gracias.
Bueno, último día de responder al pedido de Daniela Bentancur, y poner una película por día (segunda tanda, la verdad). Esta vez, nomino a Julia Cittá para que haga lo mismo si tiene ganas. La última va a ser una película de un director de esos que despiertan o amor u odio. Yo amo a Luhrmann, incluyendo la increíble serie The Get Down que vi en Netflix. Todo lo que hizo es hermoso para mí, todo, inclusive Australia que tiene la mezcla exacta de telenovela y pieza histórica y western y de cliché y sorpresa que la hace, para mí, emocionante. Pero hoy elijo Romeo + Julieta, con esa mezcla explosiva del texto de Shakespeare y una ambientación lisérgica y contemporánea en ese balneario decadente que es "Verona" y todo eso sin cambiar una letra de la obra de teatro, ni una. No hay un Romeo y Julieta que me guste más y Di Caprio y Danes son dos grandes actores y tienen la edad perfecta. La idea de hacer que las pistolas sean marca "sword" (espada) es una maravilla y funciona realmente bien. El espanto y el horror son los mismos. Y el amor..., claro, también. Cada vez que la veo, lloro.