20 de julio de 2018

Hoy es el día del amigo, fecha que no suele importarme mucho, la verdad. Igual que cualquiera de esos días inventados para el consumo. Pero además, mañana sería tu cumpleaños número 60, Liliana (Bodoc), amiga mía. Eso duele, por supuesto. Para no pensarlo mucho, yo me aferro al invierno de la misma forma en que una se muerde los labios para que no le duela tanto la herida que acaba de hacerse en un dedo. Me acuerdo de una vez que me mandaste una foto de la nieve en Trapiche..., y yo pensé, uff, no sé qué haría yo ahí, o mejor dicho, yo no me quedaría ahí. Y una en que las dos hablamos de temperatura e infancia, la mía en medio del calor del norte de Santa Fe, la tuya en la misma provincia, más abajo. De tantas cosas hablamos, los poquísimos días en que estuvimos juntas... Pero está bien, son suficientes: no tengo miedo al invierno con tu recuerdo lleno de sol, como dice la canción.


18 de julio de 2018

Hace dos o tres días, después de terminar Unsolved..., nos hundimos en una que yo elegí, Wanted se llama, porque 1. era australiana y Australia me fascina aunque no sepa gran cosa de ese país inmenso; 2. era sobre mujeres y policial en formato, dos cosas que nos gustan a los dos, a Odi y a mí. Vamos por el tercer o cuarto capítulo. Es realmente divertida, una especie de Thelma y Louise interesantísima, una road movie llena de sorpresas y mucho, mucho humor del que me interesa, el que no es torta de crema (ese lo odio) pero saca sonrisas.
Y dos días después, puedo decir que Wanted es divertidísima. Me está gustando mucho esa serie australiana. Hay cosas totalmente inverosímiles (que Odi siempre me señala, y que yo me ahorraría de ver en muchos casos porque tienen que ver con cuestiones de física, la peor materia del universo en la secundaria para mí, o prácticas, para las que soy nulísima) pero no importa. Hay sonrisas, satisfacción, heroicidad en un sentido moderno que tolero y hasta risas a veces... Y se cortan clavos todo el tiempo. Me está encantando. Los paisajes de Australia..., fabulosos.

17 de julio de 2018



Facultad. Casi por última vez a menos que cambien las cosas... Duele, claro. Mucho. Mandé la dieta que estoy haciendo por orden médica, la mandé al diablo porque era día de mucho darse el gusto y chocolate... No comí mucho chocolate pero algo sí, me era muy necesario. Después nos encontramos con mis tres ayudantes de siempre..., las que tuve los diez años que duró la cátedra, y almorzamos juntas. No sé por qué no sacamos fotos... pero me hizo bien y mal y bien y mal y no es lo mismo una vez que dos veces, como diría Gerturde Stein. Está horrendo, va a llover, hace frío. Está bien, muy simbólico, supongo... Si no consigo lo que quiero voy a extrañar enormemente.

14 de julio de 2018

Miramos de a cachitos (no nos da el sueño cuando llegamos a la cama) una película grabada, Kingsmen 2 (la uno la habíamos visto en el cine), una de esas de comedia exagerada sobre espías y demás (un James Bond más cómico). Hay un personaje, interpretado por la genia de Julianne Moore (la mala) que hace todo por dinero sin ninguna, ninguna empatía por nadie, nadie, nadie, me hizo acordar a alguien que está en el gobierno (a varios, en realidad). Y dos minutos después, hay una definición del personaje: se la llama "el perfecto CEO". Me divierte mucho... El momento en que hace poner en una picadora de carne a un tipo de cabeza (por suerte), sin despeinarse..., es una metáfora perfecta.

10 de julio de 2018

Bueno, para mí el clima se está haciendo directamente insoportable. Ya ni me acuerdo de que al principio del otoño tuvimos un tiempito de felicidad y cierto calor... Y el gris del cielo no ayuda nada en mi último martes de clase en el Lenguas Vivas de Pellegrini. Me duelen los pies dentro de la casa y es raro, raro, raro pensar que ya no vuelvo a dar clase ahí donde primero fui alumna de terciario y después profesora creo que desde el 85... En mi caso (ayer me encontré con una amiga de la secundaria, seguramente la única que tengo, en la marcha y ella me dijo que ella se sintió feliz cuando se jubiló, es otra experiencia, supongo), la experiencia es dolorosa y me produce rabia porque yo no quería. Tuve que hacerlo, me siento más tranquila porque lo logré y bastante bien, digo, ya que yo laburaba un cincuenta por ciento en la CABA y un cincuenta en la UBA (y eso, nadie te avisa, es un desastre para una), pero contenta, contenta, no estoy. Al contrario, lo siento como el principio de algo desconocido, a lo que siempre le tuve miedo. Si el aire dejara de morder sería algo..., creo yo. Voy a pensar en septiembre, hoy sobre todo.

8 de julio de 2018

Unsolved, No resuelto, la serie que terminamos ayer en Netflix. Interesante que se pueda contar una serie con esos títulos al final de cada capítulo (son 10), dos oraciones breves en las que se cuenta el final. Son muchas las historias en dos tiempos separados por diez años... pero todo gira alrededor de los asesinatos de dos músicos del hip hop, Biggie y Tupac, en la década de 1990. Excelente para ver la cultura musical negra exitosa; la cultura de doble fijo de los deberes ocultos y verdaderos de la policía, la de los condenados que no se adaptan al sistema y que el sistema termina expulsando. El actor que conozco también por Westworld me pareció una maravilla en esta serie. A veces, resulta difícil de seguir para quienes, como yo, tenemos dificultades para recordar los nombres (son muchos) pero la forma en que los dos tiempos van convergiendo hacia el final y la marca de esos tiempos claramente, con carteles, me pareció nueva e interesante. Algo así como una rareza.

7 de julio de 2018

Bueno, estoy en el castillo de Kafka. Por unos días, tal vez unos años también, no lo sé, odio, odio profundamente a las leyes y las cuestiones burocráticas. Siempre las odié, siempre, soy, lo digo una y otra vez desde que llegué a cierta adultez: "soy trámitefóbica". Las odié siempre pero creo que nunca se habían convertido en una barrera de acceso para mí... Y ahora lo son, aparentemente. Y sin aviso, sin nada. Me acuerdo vagamente de un episodio de "Asterix" (creo que el único que vi) sobre "La casa que vuelve loco", donde los enredaban en los papeles del Imperio. El trámite del arbolito. Kafka, claro. Los marcianos burocráticos de Guía del viajero intergaláctico... Todo eso. Mi odio está creciendo por dentro y me hace daño. Necesito hundirme en el escapismo... Hasta que consiga respirar y recuperar el equilibrio. No sé cuánto me va a llevar..., espero que no mucho. Ah... y hace frío.

5 de julio de 2018

Estoy viendo en Netflix una serie que se llama Robert Redford's The West. Es un documental con actores que representan a personajes de la conquista del Oeste y cabezas parlantes que dan opinión, interesante, muchos historiadores, algunos lakotas (excelente), algunos actores.
Empieza en la mitad de la Guerra Civil, claro, ya que la conquista está pensada siempre desde 1865 a 1890... y tiene luces y sombras pero es interesante verla.
1. Va de nombre en nombre, lo cual es ese enfoque histórico muy individualista tan yanqui y que atrae, claro, porque son nombres super conocidos por el cine... (Jesse James; Custer; Crazy Horse; Sitting Bull; Little Big Horn; Billy the Kid; Wyatt Earp, etc).
2. Pero al mismo tiempo, explica la relación de lo que pasaba con esos personajes y la situación histórica general y sobre todo traza relaciones temporales entre episodios que una tiene tal vez un poco desperdigados... Es interesante ver con James y el asunto Custer-lakotas es al mismo tiempo y la relación que tiene esto con la presidencia y las decisiones de Washington... Eso ayuda mucho.
3. La pintura de los presidentes, por ahora Grant y Hayes es medio infantil pero ayuda a entender, por ejemplo (a mí, sobre todo) por qué Sherman (ese hdp) recién lleva a cabo su política espantosa contra los indios cuando sube Hayes y no bajo Grant, aunque era parte del equipo de Grant..., y eso ayuda.
4. Me ayudó a darme cuenta de que yo tenía una idea equivocada de algunas cosas, como el oro en las Colinas Negras... y a organizar el asunto económico..., cómo se levantó el país de la horrible depresión global de la década de 1870...
5. Muy buena la explicación sobre el espantoso final de "la Reconstrucción"; yo no sabía por qué había pasado eso, sí la fecha... Fue una negociación en Washington, esa parte está excelente y también cómo se habla de las consecuencias para los negros.
6. Excelente la explicación sobre la extinción intencional del búfalo... Excelente y terrible.

O sea: con peros y sin entusiasmo, la recomiendo. Sobre todo, tal vez para los alumnos. La pintura de Custer y las razones para que lo amaran en todo el país cuando era lo que era me pareció perfecta.
Vale la pena si tienen tiempo. Yo no la terminé todavía.

4 de julio de 2018

Bueno, con pena en el alma (como en Atahualpa) lo digo: me jubilé. No quería, a esto me obligó este gobierno de m... Apenas ganaron, supe que aunque yo hubiera querido quedarme por lo menos cinco años más, más si es posible, no tenía más remedio que intentar la jubilación ahora. Y salió rápido..., demasiado rápido para mi gusto. Así que..., bueno, con la esperanza secreta de que me dejen terminar las notas de los cursos que terminaban ahora... (eso depende de las instituciones, no de mí), llena de horror frente a los trámites que se vienen..., asustadísima con todo lo que viene (yo quiero seguir dando clase..., me es muy necesario), soy jubilada. Creo que nunca creí que me llegara tan rápido aunque hace ya 33 años que doy clase, 33 de antiguedad, quiero decir. Voy a extrañar.

2 de julio de 2018

Hoy, última clase del cuatrimestre en la Facultad. En este año de finales (a mí me gustan los principios, la verdad sea dicha), no es cualquier cosa para mí. La última clase del que tal vez sea mi último seminario (jubilación de por medio): yo no esperaba mucho de ella. Suelo explicar los errores importantes que hicieron en el parcial domiciliario, tanto en cuanto redacción como en cuanto a lo académico; y explico un poco la monografía, discutimos conclusiones, así. Son poquitos este año con ese horrible cambio de horario que me hicieron: de 11 a 15 en lugar de mi horario histórico, 13 a 17... De los ocho, nueve que vienen siempre (nueve entregaron el parcial), vinieron cinco. Y la clase salió muy pero muy bien; estaban interesados, anotaban, me hacían preguntas. Hablamos (eso fue lo mejor, que no "hablé" solamente) de marco teórico, de influencias del inglés en el castellano, de influencias de la ciencia en las humanidades... Gracias, es lo que tengo que decir, claro. Me hizo bien que saliera bien mi última clase (si es que es la última, espero que no)... Por lo menos eso en un día congelado y triste, sin luz... Mañana será paro docente...
Ayer terminamos la única temporada que hay de "Happy" en Netflix, título que yo hubiera traducido, pero bueno. Es una serie lisérgica, absolutamente y esos tours de force --combinar lo kitch de Navidad, lo "dulzón", lo horriblemente blando y "bueno" con personajes sangrientos, terribles, un héroe sucio, también él horrible y cínico y una mirada tipo policial negro del mundo-- me suelen resultar muy atractivos. La serie está basada en un guión, un guión es una historia totalmente repetida y conocida: la redención de un tipo perdido que se volvió odioso y horrible a través del "amor", en este caso sobre todo paternal..., aunque el de pareja va y viene también. Pero mediante la mezcla con dibujitos animados, seres infantiles, la parafernalia de Navidad, se vuelve interesante. Interesante, claro, no más. No me volvió loca pero es bueno que los guionistas se atrevan a ese tipo de desafío aunque fuera en la forma. La pareja interracial me pareció interesante aunque hubiera sido mucho mejor que se dijera algo al respecto. Y la profundidad de ciertos personajes, los malos sobre todo, también era algo notable..., en una película basada en una historieta (género que habría que tener muy en cuenta, creo yo).

30 de junio de 2018

Ayer, la alemana-búlgara Western. Sabía que era rara y quería ver hasta qué punto era un western porque no lo es, no en el sentido estricto de la palabra y el género. Me gustó. Como suele pasar con mucho (no todo, nunca todo) cine europeo para mí fue un tantito lenta, sobre todo al principio pero entiendo las razones: muestra la forma en que un hombre extranjero (un alemán) en Bulgaria, un obrero, va entrando en el pueblito diminuto de montaña en que trabaja. Describe muy de a poco la forma en que, el único del grupo, va entendiendo y queriendo a los que viven ahí, y hasta empieza a aprender el idioma. La relación entre idiomas y el asunto "traducción" y comprensión interlingüística es un tema excelente y muy a tener en cuenta en la película. Y sí, es un western porque habla de la soledad enteramente masculina, de la testosterona desatada en ciertos medios solamente masculinos, del machismo, de la inexpresividad y falta de palabra de algunos hombres y de los dolores ocultos que puede haber abajo. Y también, sí, increíblemente, de la relación de esos hombres con la naturaleza..., caballos incluidos (muy western). Habla de la violencia masculina, de la competencia masculina, de los puños y las armas y las máquinas y el trabajo. Y de la falta de raíces. El final, digamos desde la mitad, cuando entendí adónde iba, me conmovió y entonces, ya no me pareció ni lenta ni larga y creo que termina donde debe terminar: con cierta armonía tensa y en suspenso en relación con una música muy búlgara y muy bella. Odi le encontró errores de verosimilitud que, una vez que los dijo, son reales, pero yo (como siempre que se trata de algo práctico y tal vez muy obvio para un ingeniero) no los vi.

29 de junio de 2018

En estos días vi en el cable "Tulip Fever"... No encuentro películas que me interesen en Netflix así que sigo en el cable. La vi porque parecía tener varias de las características que me interesan: -era "de época", en la Holanda del siglo XVIII; -era de amor (y a mí me gustan mucho las de amor); -trabajaban actores que me interesaban. Y la verdad es que sin entusiasmarme, no me desilusionó: me divertí; tenía incluso giros inesperados (yo no esperaba eso, valga la redundancia); trabajaban todos muy bien; era muy buena la ambientación. Pero además, leyéndola a través de la mirada de Edward Said..., ah, qué interesante. Un punto de vista de un personaje de pocos medios (que, claro, tipo Cenicienta, termina de otra forma, pero eso no es lo interesante). Y sobre todo, el dinero. ¿Por qué es tan rico el personaje del fabuloso Christopher Waltz, que puede ser cualquier cosa? Porque Holanda se está comiendo el mundo: comercia con especias del Este y cuando necesita, apela a "las Indias" en el Oeste... Europa, esa Europa asfixiada y sin naturaleza, va a buscarla y a comérsela lejos. Sí... Me encantó el diálogo en el que el pintor (típico pintor holandés de ese momento, eso también está muy bien) habla con su modelo (la mujer jovencísima del personaje de Waltz, mucho más viejo que ella) sobre el manto de la Virgen, que era azul. ¿Por qué es azul?, pregunta. Y ella, en su inocencia, dice que "Es el color más puro". Pero él contesta: "Porque es el color más caro". Hubiera preferido que fuera la mujer la que lo viera pero..., en esa época, imposible.

27 de junio de 2018

Con alegría y cierta vergüenza..., digo, porque es auto bombo, ahí va lo que dice una persona que me tuvo de profesora:

A mí atravesar tus clases (en realidad, eran tus clases las que me atravesaban a mí) me cambió la cabeza, la forma se entender la literatura y la forma de escribir. Además, siempre te sentí un poco distinta, un poco rara (en el mejor sentido de la palabra), un poco fuera de lugar entre tanto erudito arrogante (y lo digo así, en masculino) siempre listo a cagarnos a palos con el canon puro y duro. Tu sabiduría era distinta, era de África, de los poetas que nadie más ponía en los programas, de los esclavos, de los indios y las indias de la resistencia... Por eso me da tanta bronca que tengas que jubilarte a la fuerza. Porque intelectuales tan valiosos deberían tener que ser retenidos, tentados con mejores condiciones para que no se vayan, como sucede en otros lugares. Entonces me pregunto lo mismo que contaste (con otro sentido, pero que me voy a permitir resignificar acá) en un seminario, hace años: "si cerramos las ventanas, ¿Cómo van a entrar los pájaros?"
Terminó Westworld (lo vimos un día tarde, ese domingo era el cumple de mi hija Selva y no estábamos para eso). Bueno..., a ver. Soy hincha fanática de GOT, no de esta aunque me gustó. Me gustaron las ideas, la complejidad, las actuaciones, las ideas y ciertas llamadas a líneas que se repiten tanto en el western como en la ciencia ficción (el afán de inmortalidad en los seres humanos, muy pero muy negativo siempre; los robots y esclavos que se rebelan, claro; el iluminado que crea un mundo nuevo y lo deshace al mismo tiempo; las ansias de libertad; la famosa "puerta o umbral" hacia otros mundos que aparece en la Saga de los Confines, en James Tiptree, en cientos de historias). Me gustó el final de ciertas figuras, el indio por ejemplo. Me gustaron ciertas imágenes de ese último capítulo de 1,30 horas, como el pueblo general que va hacia la puerta como última esperanza (tanto para decir con respecto a las migraciones ahí), Clementine en el caballo blanco que parece la muerte de Rousseau. Todo eso, sí. Pero el final me dejó como a Bernard, ese personaje que se volvió tan, tan importante: I don´t understand, repetía mil veces. No entiendo, no entiendo. Y eso, para mí, está mal. La complejidad es buena pero no saber cuándo dejar de plegar el tiempo sobre sí mismo, la historia sobre sí misma es malo. Me cansó ese final.
El centro siguió siendo filosófico (qué es el ser humano; qué es la muerte; qué sentido tiene la vida, etc, etc)..., cosa que a mí no me apasiona ni me atrae pero que tiene mucho, mucho que ver con el western y sus ritmos variables (de la nada inmóvil a los grandes momentos de sangre)... Eso también estuvo bien.
Me parece que debería terminarse acá. Pero no estoy segura de que eso pase.
También hay que decir lo bueno: acabo de leer las evaluaciones de mis alumnos de Facultad. Un curso chico (demasiado para mi gusto, me gustan los grupos de más de diez personas y ellos eran entre 8 y 10, a veces menos), con muchos extranjeros a los que, pobres, les costó adaptarse a mi manera informal y rápida de hablar (disculpas por eso, nunca supe hacerlo de otra forma). 
Me escribieron maravillas. Me hicieron sentir muy bien. Entendí que estas lecturas (supongo que más que yo, los libros, quiero decir) les abrieron la mirada sobre el mundo y ¿qué más puedo pedir yo? Me hizo sentir que, por lo menos, que mi paso por Filo, mi facultad amada a pesar de todo, no fue del todo para nada..., que dejo algo ahora que me estoy yendo (a menos que la Facultad decida volver a tomarme..., cosa que me gustaría y mucho). Me guardo los comentarios, claro. Las cosas buenas hay que atesorarlas.
Lenguaje inclusivo:
Estoy de acuerdo en lo ideológico. No me gusta en lo estético. Estoy demasiado cerca del lenguaje como es y lo defiendo del inglés como traductora (no uso voz pasiva; rechazo las comas que se imponen porque las pone el inglés; jamás, jamás voy a usar una palabra inventada como "empoderar", que es horrible y nada, nada castellana). O sea, ese todes, muches, etc, no es para mí. Pero el odio que les causa a algunos me suena terrible, machista, intolerante. Si se impone..., algún día, tal vez hasta me suene bien. Mientras tanto, no lo uso... Pero les digo no a los que lo rechazan con rabia. El lenguaje, como está, es machista, sin duda, y no toma en cuenta los géneros múltiples, cierto. Eso hay que aceptarlo. El esfuerzo por tratar de cambiar eso es loable, aunque a mí no me cierren los resultados.
Después de decir lo que creo sobre quienes realmente festejan el Mundial, voy yo. En el 78, yo tenía veintiún años. No festejé nada y quería, quería, quería que Argentina perdiera porque mi espanto por lo que pasaba hacía que durante años no viera el sol (no tengo un solo recuerdo con sol de esos años, no salió para mí). El miedo lo cubría todo. Hinché por Holanda en la final. Es la verdad.
Después, en democracia..., miré mundiales y realmente hubiera querido que ganáramos, sobre todo en el último porque Sabella me encantaba. 
Lo de este año es mixto. No es como en el 78..., la verdad es que me hace bien alegrarme con un partido cuando lo ganamos y que me pongo nerviosa cuando juegan. No hincho en contra. Pero tampoco estoy entusiasmada... Y si pierden, no me va a molestar tanto..., lo sé. Entiendo que acá también están en juego la propaganda y el tapar y también que hace bien una alegría cada tanto... Y que esa alegría no tapa el bosque, no para muchos.

25 de junio de 2018

Creo que es momento de volver a decirlo. Por eso, el poema. Para mis hijas, Tam y Selva, que marcharon conmigo y después, hicieron el aguante en la noche congelada.
Marcha de mujeres
Ahora que estamos juntas,
cantamos
en el centro
de la calle
alzada en música para nosotras.
Ahora que sí nos ven,
decimos
y es cierto,
porque antes fuimos aire,
nada, silencios.
Pero ahora,
esas palabras
se abren en las cuatro
direcciones del mundo
y nos dejan de pie
en el centro,
enteras.
Atrás,
donde no hablábamos,
donde ni siquiera el grito
nos protegía
del miedo.
Abajo,
donde nos escondíamos a pensar
a veces,
a veces a encontrarnos.
Arriba,
donde ponemos la voz y el canto.
Adelante,
donde vamos,
en el medio feroz de las calles.
Diciéndonos una y otra y otra vez:
Ahora que estamos juntas,
ahora que sí nos ven.

24 de junio de 2018

Hoy, 24, me acuerdo de la primera vez que vi a Selva Aimé, el 24 de junio de 1994, cuando nació. Me acuerdo de ese parto, tanto más fácil que los anteriores, sobre todo que el primero. Un parto tranquilo, fácil, que empezó cuando quiso el médico (Evaristo, un hombre tranquilo y bueno que en lugar de gritar en el momento culminante, abrazaba). Cómodo, incluso..., diría, y eso que yo no disfruté mis partos anteriores, el primero fue realmente feo y lo único que yo quería era que terminara, bien claro pero que terminara. Pero el de Selva fue hermoso, conseguí hasta mirar los colores de la sala de parto y la cara de Odi. Y a ella, cuando nació. Recuerdo que venía un mes antes de tiempo y que cuando salió, yo dije "¡Qué chiquita!" porque estaba acostumbrada a los cerca de 4 kilos de los dos primero. Y Evaristo dijo "¡Qué grande!" porque 3,600 un mes antes era mucho. Y lloró enseguida y se calmó y todo parecía bien. Las horas que siguieron fueron feas, claro, y me tomaron por sorpresa porque las otras veces después del parto todo estuvo bien. Pero esa es otra historia. Me acuerdo de los ojos de ella cuando me miró por primera vez. Feliz cumple, hija.