13 de noviembre de 2019

Para hablar de algo un poco distinto, aunque sé que Bolivia es lo que importa, ayer terminé de ver Catalina la Grande. En general: no fue mi serie preferida, por supuesto, pero me pareció muy interesante, a pesar de ser el tipo de serie sobre las noblezas que no me llama, me aburre y dejo de lado enseguida (me pasó con The Crown, que aguanté medio capítulo o ni eso...). Esta fue interesante, sobre todo por Helen Miller que es quien es y es fabulosa (creo que una de las grandes). Y por el arte, que fue fabuloso: de a ratos las escenas son pinturas directamente, pinturas de la época. El retrato de Catalina es complejo, difícil y está hecho, como ya dije, más desde lo íntimo y amoroso que desde lo político pero lo político aparece también... La relación de ella con Francia y los franceses (que al final, hacen su Revolución, contra la cual, como realeza, ella reacciona, claro) está bien mostrada, por ejemplo. Pero su amor con hombres mucho más jóvenes y sobre todo con Potemkin me pareció una forma de entrarle al asunto "género" que no está mal, y que se cierra al final, en el capítulo 5. Al lado de la locura que tengo con Watchmen (esa sí que me fascina), no..., pero muy, muy interesante y está bien que fuera corta y terminara. Me sirvió en parte para corregir ideas que me habían quedado de algún lado (no sé de dónde)..., con respecto a la sucesión, por ejemplo.

11 de noviembre de 2019

Voy a poner el poema que me ayudó a dormir..., con malos sueños, pero algo...
No está corregido. Es mi horror, mi espanto solamente. Pero ahí va.

Bolivia, 10 de noviembre, 2019

Nos quieren donde estábamos
hace años.
Nos quieren con la vista en el piso,
la piel como un símbolo de lo que no somos
porque no somos eso que quieren:
no somos carne de trabajo,
no somos manos sin cabeza,
no somos pies que ellos manejan.
No somos eso.
Somos río y tierra y bosque
y el tiempo entendido como un círculo.
Somos palabra
en lenguas que ellos no conocen, lenguas
que suenan a agua, a correntada.
Somos
esta esperanza.
Por eso, porque nos quieren donde estábamos,
esta sangre,
estas calles manchadas,
este silencio
sembrado de grito,
sembrado de espanto.
Por eso.
Nos quieren donde estábamos
hace años, sí.
Pero nosotros
nos conocemos.
No somos eso.
Somos este paso conjunto,
este puño cerrado.
Somos esta manera de pensar la Tierra.
Y respiramos,
quinientos años después,
seguimos respirando.

8 de noviembre de 2019

Ayer terminé de ver Dead to Me (solo tiene una temporada aunque es obvio que promete otra). Ahí van mis comentarios finales, para vos también, Sandra Comino, que sé que la viste.
A ver, no es mi tipo de serie preferida (que es claramente la policial, o la de tipo western, que hay poquísimas, soy amante de esos géneros). Pero me gustan las tipo buddy movie, o sea de amistad entre dos y más si son mujeres y no hombres como la mayoría. Ese sería el género acá pero esta serie hace algo que creo que ya dije y que quiero explicar mejor ahora. Es así: al final (siempre al final, es un esquema, lo cual para mí es un problema..., se vuelve bastante repetitivo), siempre al final de cada corto capítulo, pasa algo totalmente sorprendente que en los primero 9 capítulos cambia todo lo que pasó antes. Es decir, hace lo que sucede en la vida casi siempre: el presente cambia el pasado, por lo menos para los espectadores que no sabían eso antes. Es como si viéramos a un matrimonio que creímos perfecto y de pronto, nos enteráramos de que él o ella están engañando al otro desde casi siempre: todo lo que vimos cambia. Bueno, algo así pasa en los primeros 9 capítulos y al final, cuando ya yo lo esperaba... (eso me parece un problema), me divertía mucho ver cómo lo conseguían una y otra vez (con mayor o menos intensidad). En el décimo capítulo me pasó algo raro: 1. Supe que eso iba a pasar desde el principio del capítulo, tal vez porque era la única forma de cerrar; 2. esto que pasa, cambia todo pero no para atrás, sino para adelante. O sea, habrá segunda temporada... Las actuaciones me gustaron mucho.