28 de septiembre de 2016

Hoy coseché y sequé la menta. Me gustó hacerlo. El perfume me subía a la cara mientras dejaba a las plantas con hojas suficientes, pero menos. La primavera está en flor alrededor y el aire es blando y bueno. Dicen que mañana vuelve el frío. No importa. Hoy está hermoso y siento, como todos los años, que si yo quisiera, si hiciera el esfuerzo, volaría con el cuerpo solo por encima del suelo, unos metros solamente, un vuelo corto, humilde para recibir el verano.

24 de septiembre de 2016

Estos son los brotes color cobre del palo borracho... Todas las primaveras se abren así y después, despacio, se van pintando de verde. A mí me parecen hojas q pasan del otoño al verano sin tocar el invierno.
Todo está en el género. Los géneros son un ritual, siempre lo digo cuando doy alguno en la facultad. Vuelvo a esto al final... Ayer, Los 7 magníficos. Western. Uno de mis géneros favoritos. Quienes lean esto, tengan eso en cuenta: a mí, me fascina todo en el western contemporáneo, me cuesta un poco más en el viejo, donde lo ideológico es totalmente contrario a mi manera de pensar pero aún ahí..., el rito... Tengo teorías de por qué me gusta pero no voy a decirlas acá. A Odi no le gustó mucho. A mí..., ah, me encantó. La pasé realmente bien, como la pasan algunos con una película de terror (género que yo odio y al que nunca me entrego). Todo está ahí: el ritmo en ráfagas de lentitud absoluta seguidas por otras de mucha acción (ráfagas de silencio largo y otras de tiros constantes); las tomas, (picados y contrapicados, mucha contraluz, el sol en todas partes, la noche en todas partes, la naturaleza); los primeros planos de caras serias, sucias, tocadas por el tiempo, por la historia; los primeros planos de manos sobre las armas; las armas como temática constante; la hombría y la cobardía como temáticas constantes; los códigos del héroe y la sociedad corrupta; el heroísmo mismo (tal vez lo que menos me interesa pero ahí está); la cosa religiosa en el fondo, tan, tan presente; la amistad-camaradería entre hombres; los escenarios; la fecha (siempre después del final de la Guerra Civil y antes del siglo XX); el final, absurdo, que siempre es que los héroes se van. Y podría seguir. Esta película cumple todo eso a raja tabla. Y está muy, muy bien hecha salvo el asunto de la bandera que lamento enormemente, pero eso es otra cosa. En cuanto a la historia, la verdad es que me encantó. Una buena forma de rebobinar la película original (una de tantas en que me enamoré de Yul Brynner). Y ahí está la cosa: es política, el western siempre, siempre fue político (una de las razones por las que me gusta). Se dice todo al principio: el malo es el capital desatado. ¿Demasiado "malo"? Claro, el género es binario y maniqueo y si no les gusta eso, no vayan porque es así. Pero acá es el empresario que abre y cierra la acción diciendo que para los EEUU el capitalismo es Dios y que "si Dios no quisiera que los esquilaran, no los habría hecho corderos"... En el medio, quema la iglesia y hay que reconstruirla, claro, porque ese capitalismo es salvaje y es terrible. Me pareció una película necesaria en este momento, infantil porque el género es simple en ideas pero necesaria. Y encima, elegir a los no blancos para el final... una pegada. Vuelvo al principio (se me fue la mano con esto, sorry): no vayan si no les gusta el western. No es excepcional, pero para los que lo disfrutamos muchos, ¡qué placer ver uno bueno de nuevo...!

18 de septiembre de 2016



En la Casita de Boris, con Carina, la bibliotecaria, en San Martín de los Andes.
Cto más pienso en la cuestión de la Campaña del Desierto, más espesa de sentidos se pone. Combinar "Campaña" en el sentido militar x supuesto, sirve para hablar de "héroes" y soldados y al mismo tiempo decirle al mundo q ahí había nadies o había monstruos y x lo tanto la tierra era para el q se "mereciera" tomarla. Pero para tomarla arrasaron con pueblos enteros y ahora hacen lo mismo con la educación. Para qué gastar dinero, ese recurso tan maravilloso y escaso, en nadies y monstruos? No sé lo merecen . Así q hacemos Campaña y les sacamos todo.

13 de septiembre de 2016

El domingo miré alrededor --no hacía frío, se respiraba bien en la brisa, por fin-- y de pronto, me di cuenta de que todo estaba empezando.


11 de septiembre de 2016

Ayer, fuimos ver Amor y amistad en un cine nuevo que hay en Adrogué. Me gusta que abran cines cerca, espero que dure, que podamos seguir yendo. Amor y amistad, Austen..., sí, y siempre me gustan esas porque tienen el tono dulce y al mismo tiempo lleno de observaciones sobre sociedad y dinero y falta de poder de las mujeres..., y son de época, cosa que siempre me atrae. Esta me divirtió mucho y es otro tipo de Austen: de entrada se plantea desde afuera, con lejanía, con una voz en off y carteles que explican quién es quién mientras el personaje mira a cámara. Y hay una ironía fuerte, constante, una constante burla a la forma en que cada personaje enfrenta su vida. Las mujeres, en el centro, claro está. Lady Susan es de terror sobre todo por su egoísmo y su deseo de convertir a todos en herramientas pero al final, sus manipulaciones, sus manejos turbios, tienen que ver con la necesidad que tiene de conseguir lo que quiere en una sociedad que no se lo permite directamente y con un deseo central que, en el fondo, es amor, supongo. Un personaje odioso. Y el hecho de que sea ella la que está en el centro es lo que hace distinta a esta historia, con respecto a lo que es Orgullo y prejuicio o Sensatez y sentimientos... La disfruté muchísimo.

10 de septiembre de 2016

Frigerio: "Las manzanas que se importan de Chile no son las mismas que se fabrican en nuestro país". Por supuesto, está el verbo, "fabrican", que es realmente divertido o parte de una novela de ciencia ficción que sería el colmo de la "pesadilla del aire acondicionado" que decía Miller. Fabricar manzanas. Tengo que pensar en ese horror. Pero además, lo que hace la oración es decir que está bien importar, porque no se compite entre una mercadería argentina y otra igual del exterior..., "no son las mismas"... ¿Y dónde estaría la diferencia entre una manzana chilena y una nuestra? ¿En que no respiran el mismo viento, no beben la misma agua, no se abren al mismo aire, no tienen la misma lluvia? Ah, claro, pero entonces, las manzanas de Río Negro no serían iguales a las que otra provincia... ¿Yo estoy loca o ahí, en la invención de esa supuesta diferencia, hay un reconocimiento de que no está bien importar lo que se hace acá?

9 de septiembre de 2016

Volví de Neuquén, de la presentación de Guitarras (ver abajo) y de hacer algo en la Feria del Libro de esa ciudad. Antes que nada gracias, a los que vinieron a vernos (somos tres las autoras de la presentación de Ruedamares, una editorial de Neuquén que se animó a empezar con juveniles, gracias Cris Ramos), a los organizadores (elijo a Teresita Valdettaro como representante de ellos pero conocí a muchos), a Neuquén que estaba hermoso con tanto sol y poco frío, como si me hubiera querido abrazar (yo venía de la lluvia..., como el título del nombre del libro del que salió mi nombre). Y cuento dos encuentros cercanos del tercer tipo, uno maravilloso y otro que no. Me encontré en el avión de ida con uno de los fiscales de las causas de lesa humanidad. Voy a intentar un contacto porque fue una delicia ese viaje con esa conversación, con esas ideas, con ese jugarse por lo que creemos mucho... Ese fue el bueno, claro. Nos hicimos casi amigos y yo, que odio los aviones, hubiera querido un viaje un cachito más largo... El malo tuvo que ver con opiniones de defensa de personas en el gobierno que realmente son nefastas (desde mi punto de vista, claro) y cuestiones por el estilo. Me sentí muy, muy fuera de lugar en ese lugar. Como suelo hacer, no abrí la boca (no es lo mío el debate y por suerte, nadie me preguntó porque si me preguntan, digo lo que creo, siempre) y me fui apenas pude. O sea: sí, señores, la grieta existe, como existía antes, ahí sigue, y cada uno tiene derecho a estar del lado que le parezca.

1 de septiembre de 2016



La tapa de mi nueva novela juvenil..., que se presenta la semana que viene en Neuquén. Sobre 2001.
Ayer, en un curso extra de dos clases solamente en una universidad cercana, me encontré de nuevo con alguien que no sabía que recordaba. Fue amigo mío en un tiempo que me quedó en la memoria como un tiempo sin amigos, sin nada más que cielos nublados y frío. El tiempo que siempre defino como "el peor de mi vida", la secundaria. Y el reencuentro hizo algo por mí, algo absolutamente nuevo: me mostró desde los ojos de otro que ese tiempo tenía momentos de alegría. No es que yo no lo supiera, sí, lo sabía. Creo que yo no hubiera podido seguir adelante sin esos momentos. Pero verme desde afuera no como me veían muchísimos entonces, yo incluida (la amarga, la deprimida, la que se tapaba el pelo con pañuelos, la de la cabeza baja, la que se hundía en los libros porque eran el único lugar seguro) sino de otra forma, como alguien que discutía literatura, escribía, charlaba por las calles de Lomas, explicaba (eso sé que lo hice)..., hace bien. Cambia el pasado como dice Borges (a quien no aprecio mucho, casi todos lo saben). Gracias a mi amigo reencontrado.

27 de agosto de 2016

Ayer, cine. Después de varias semanas sin encontrar nada para ver en un horario razonable (o sea, tipo 19 o 20), fuimos a ver El apóstata. Yo había leído comentarios (el de Página, con el que suelo disentir y creo que cada vez más, tal vez no debería leerlos pero ese es mi diario..., en fin, y también escuché en la radio a gente que está más o menos de acuerdo con mi gusto y que esta vez..., no) y la verdad, esperaba otra cosa. Sin embargo, me avisaron: se llama "El apóstata", no "La apostasía". Y como les digo a mis alumnos, el título es... instrucción de lectura. Y ahora, al gusto de cada uno. a mí las películas solamente psicológicas, interesadas en una persona en particular sin dimensión histórica o social no me llenan, los libros tampoco. Diría que generalmente me aburren. Por lo menos, me digo, que estén ambientadas en el pasado (el pasado me gusta, sobre todo los caballos). Así que voy a comparar esta con "Viajo sola", la tana que vimos hace un tiempo. Primero: las italianas tienen otro ritmo (esta es española y me pareció lenta, no al nivel de algunas francesas, eso no pero bastante...), son más divertidas..., no sé. Segundo y principal: todos los símbolos de "Viajo sola" dicen que esa mujer y su hermana son una excusa para hablar de dos formas de vivir de las mujeres de clase media occidentales... y eso sí me gusta. Ahí me atraparon. Me gustó esa comparación y encima, ah, belleza, había una sintaxis muy marcada, ya lo comenté. En cambio, esta fue realmente "El apóstata". La apostasía, el problema de las instituciones totales como la Iglesia, la dificultad burocrática de salirse (que para mí debió ser el centro), todo eso, es una excusa para hablar del crecimiento del protagonista, de sus pesadillas, de cómo decide por fin, ser grande, dejar atrás el pasado, iglesia incluida. O sea: el apóstata es el centro, no el problema social ni lo que significa. En fin..., no es mala pero si no les gusta ese tipo de cosa, no... El final, eso sí, una pegada. Me preguntaba cómo iban a terminarla.

25 de agosto de 2016

Ayer, mientras esperaba a Odi que se había ido a su noche de primos y hermanos, miré la tele (sé que en general no me duermo si él vuelve). No había nada en los canales normales, así que me busqué algo en lo alternativo. Quería comedia, quería pasarla bien. Quería no sufrir. Para mí, era importante eso. Así que vi The Fundamentals of Caring. Una película previsible, que sigue un guión conocido: alguien cuida a otro y se le acerca y lo saca adelante y al mismo tiempo se salva él. Pero me sorprendió porque dentro de ese guión, que se sigue con bastante exactitud, cierto, no esperaba menos yo, Paul Rudd (que me parece siempre delicioso) trabaja como los dioses, el chico también (yo no lo conocía), y hay errores que no suelen aparecer y desencuentros graves, no solamente encuentros y personajes marginales queribles que sorprenden sin salir de la dulzura que me hacía falta.

17 de agosto de 2016

No dice para nada todo lo que dije... pero bueno, ahí está.
Con respecto a esta mujer que sueña con ver el mar, una historia que están pasando en la radio (es la que acusaron de ir a Mar del Plata y tirar piedras a Macri..., qué raro, una mujer; acaba de decir que se enteró de la acusación en su casa de la Villa 31 y que nunca, nunca vio el mar), recuerdo algo que me golpeó profundamente en un tiempo. Fuimos a Misiones, estábamos a 30 kilómetros de las Cataratas y paramos a comprar una canasta de una familia que vendía al costado del camino. Charlamos. No conocían las cataratas. No podían pagar el parque, entrar. Basta con comparar eso con los pueblos que tienen gas o petróleo bajo sus pies, los contaminan pero no tienen nada de eso en sus vidas.

7 de agosto de 2016

Ayer..., Jason Bourne. Esperaba mucho más. Es decir q sigo confirmando q lo q yo quiero en una película es lo contrario de lo q quieren los críticos de Página, mi diario. Las 3 primeras de esa serie me encantaron..., sí , también la tres. Esta me pareció malévola ideológicamente (y eso para mí importa), mucho más q las anteriores, bien filmada sí pero con una historia floja... ah, eso sí. .., como siempre mucho q decir sobre EEUU. Ya no tienen enemigos..., la guerra es interna... , ellos contra ellos mismos. En algún momento pensé q habíamos llegado tan lejos del principio de la serie q había una defensa de la Corporación y de la idea de instituciones totales q ya me revolvía el hígado...,, x suerte a tanto no se llegó. ... pero me desilusiono bastante.

5 de agosto de 2016

Gracias Marcela... 


Participé del 10° Foro de Promoción del Libro y la Lectura “¡Aires de Julio en la Biblioteca!” organizado por ABGRA en el marco de las 26° Feria del Libro Infantil y Juvenil. Una exquisitez de encuentro donde quedó claro que fortalecemos los cimientos de la paz como custodios y promotores del libro y la lectura. Agradezco a la querida Biblioteca Popular Manuel Belgrano de Pinamar por la posibilidad de asistir y de seguir en continua formación como mediadora de lectura. Agradezo la lectura que me acompañó durante el viaje: “Los que volvieron” de Márgara Averbach, la vista desde el Centro Cultural Kirchner : mi querido Río de la Plata, el río más ancho del mundo, río casi mar. Agradezco a Silvia Paglieta y su “Encuentro de lectura con seres imaginarios y laberintos” que hizo nacer, entre tantos monstruos, al Cerdospión!! Agradezco a Fabiana Nolla Portillo y su editorial destinada a niños lectores con capacidades especiales, a la “Lectura y Comunidad” de Carolina López Scondras, a María Héguiz y sus caminatas por la lectura. La bienvenida de Oche Califa, muy conocido en el pueblo de arena por “A cada cual” (“A cada cual lo suyo, y a las moscas, una nariz donde posarse”). También al “Encuentro de pueblos originarios: investigar, conocer, comunicar” una trabajo de lectura en contexto de estudio.
Todo esto en CABA
Todas las mañanas, la proveedora, yo, baja la escalera desde la noche y los tres, el perro y los dos gatos, que no se llevan bien, por cierto, bajan conmigo en cascada. Me divierten los cruces, el apuro, la forma en que el gato viejo me espera para que lo levante en brazos, la forma en que el perro espera frente a la puerta y la gata joven espera el momento de lanzarse a toda velocidad a la seguridad de la ligustrela. Saben lo que se viene. Comida. Y me esperan, a mí, que me levanto más tarde, arriba. A veces, si se impacientan, los gatos se me paran sobre el cuerpo y ronronean para despertarme y Sandokán me apoya la trompa fría en la mano o la cara. Me río. Y como soy de las que hablan sola, cuando estoy sola, siempre cuando bajo dijo ¡¡Cascada de perros y gatos!! Y pienso que así vale la pena empezar el día.
Yo escribo desde siempre. No publiqué hasta los treinta y pico, después de ganar un concurso de las Madres de Plaza de Mayo. Por eso lo cuento. Me publicaron artesanalmente "Jirafa azul, rinoceronte verde". Eso me ayudó a seguir. Todavía tengo esos libritos diminutos, en colores. No me olvido, no creo que me olvide nunca... Y hoy, cuando me indigna lo que pasó ayer, lo que sigue pasando, esa espada sostenida sobre la cabeza de Hebe... tengo que contarlo... Una muestra diminuta de lo mucho que ellas hacen no solo con respecto a sus hijos sino con respecto al presente, a la pobreza hoy, a la educación, a la literatura. A la vida. Por eso, la indignación.

3 de agosto de 2016


Lo de que subir el precio de la manteca salva vidas... es importante. Es una demostración patente de cómo se puede aplicar una técnica, un recurso (literario, llamémoslo para no llamarlo de manipulación) para convertir lo malo en bueno a nivel de la palabra. Y es así: en este posmodernismo, lo que importa es lo que se dice y se cree, sí, se cree como cierto marco teórico que yo no comparto, que las palabras y las cosas del mundo no tienen nada que ver y peor todavía..., que lo único que importa son las palabras..., que flotan y arman el mundo, como en Matrix, película que odié pero que tendría mucho que decir si se deja de lado el asunto mesiánico que la recorre
Ayer de noche, Tinkuy, en la radio. Como ellos están en Palermo a esa hora, sin auto es un lío volver a casa..., lo hicimos por teléfono. A las 10 y pico me fui hasta la cocina (porque es un lugar con teléfono no inalámbrico, no confío en esos teléfonos, siempre se cortan en mitad de una conversación larga). Sandokán estaba en el sillón del living (ya sé que lo hace pero ya no digo nada, Luna hacía lo mismo, en fin... pero él sabe que está mal así que vio que yo bajaba la escalera a esa hora rara y se bajó) y se vino conmigo a la cocina. Todo lo que no es rutina le extraña y se pone inquieto. Se quedó conmigo todo el tiempo, y más vale que lo acariciara porque si no, hacía sus ruidos para llamar la atención. No ladró por suerte, pero me hizo decir "Basta, Sandokán", una vez por lo menos. Fue una linda entrevista, me reí mucho, hablé de cómo escribo, de lo que traduzco, de los autores que amo (y que, en general, nadie conoce por acá, excepto mis alumnos, claro), de los temas que me interesan y los últimos dos libros, Una gota de silencio y Los que volvieron. Me fui arriba muy tarde y como yo no me duermo sin mirar un ratito de televisión (costumbres son costumbres), terminé de ver El joven Montalbano, que había dejado por la mitad el lunes.


Y el comentario de los chicos de Tinkuy:

Fue una muy linda entrevista (por lo menos así también lo sentimos nosotros!). Como te comentábamos ayer al terminar la charla, nos quedaron muuuchas cosas por preguntar! Pero seguro que habrá nuevos encuentros por compartir, no? También nos reímos mucho y disfrutamos enormemente la charla sobre sus modos, costumbres y palabras favoritas!! Un gran compañero Sandokán, que estuvo a tu lado durante toda la charla! ja. Mandale una caricia especial para él y te dejo un abrazo grande para vos

30 de julio de 2016

Ayer, Sangre de mi sangre. Fuimos a verla a un cine malo, realmente malo el proyector, me mató desde las propagandas (me gustó una cola..., eso sí aunque habrá que ver). Pero bueno, la vimos. Es una película complicada. Hay que mirarla con cuidado, hay que escuchar lo que se dice, sobre todos ciertos comentarios que explican lo que quiere decir la película, que son instrucciones de lectura, como diría Genette: "Bobbio es el mundo", dice el vampiro que después entendemos quién es...; o "el tiempo no pasa" (no sé si exacto pero se insinúa eso). El deseo planea sobre todo, un deseo desatado capaz de cambiar la realidad por completo, porque hay escenas que seguramente son solo deseo, no realidad; y con respecto al deseo, creo que se dice, estamos como hace siglos. Nada ha cambiado mucho. Con respecto a la crueldad tampoco. Es una película seria, pensada, cuidada, con la sintaxis marcada en la puerta que se abre una y otra vez, en el presente y en el pasado, con la misma raya de luz que pasa a través de ella, a veces en secreto, a veces en público. Y entrar y salir es lo que marca el ritmo de la acción. El adentro y el afuera lo marcan todo. Y hay, sobre todo para mí, que siempre lo quise, un tono felliniano que estalla en esquinas nocturnas, en fiestas que son también sacrificios humanos. Y la visión de una misoginia que lo campea todo, antes y ahora.

29 de julio de 2016

Ayer, dieron otra vez Nebraska en el cable. Yo estaba sola. Una vez vi el final, nada más, tal vez algún momento intermedio. Qué película maravillosa. Me gustaron los silencios y las tensiones y los diálogos absurdos y cotidianos y la forma en que, incluso cuando hace esas películas, digamos, lerdas, el cine estadounidense (lo lamento, es de lejos el que más me gusta..., ese y a veces, el inglés y algunas películas africanas) se las arregla para no ser aburrido. Digo, para mi gusto, sé que hay otros. Se las arregla para llevar la historia también a lo social, no solo a lo psicológico. Y en estas películas (no las del mainstream, claro, esas no), para dejar ver algo de la complejidad de los personajes, sean simpáticos o no. En este caso, la madre, la mala de la peli (otra costumbre del cine estadounidense: esa visión de las mujeres aunque acá hay un personaje contrario, bellísimo, secundario). La madre que es un horror pero también es necesaria, una espada para levantar frente a los egoístas. Me encantó. La había querido ir a ver al cine pero seguramente me pasó algo parecido a lo de Rara en estos días: me la perdí y me la perdí del todo, por años.

28 de julio de 2016

Un recuerdo de hace un año:

Abajo, en el patio, hay una aljaba a la que vienen los colibríes para desesperación de la gata. Desde hace unos días también hay un grillo..., supongo. Y cada vez que salgo a la hora que canta, pienso "Qué cosa, estas alarmas". Pero no es una alarma aunque suena así: desde cerca, bajito, como si fuera un ruido muy fuerte que me llegara desde lejos. Es como si doblara la distancia, como si la torciera. Ni siquiera traté de buscarlo pero cuando me doy cuenta de que es él, ese ruido tan raro, tan metálico..., lo saludo. Y cuando yo hablo, él se calla. Contesta con el silencio.

22 de julio de 2016

Sobre el robo del lenguaje

Hoy más que nunca

Hoy,
más que nunca,
hay quienes sí
y hay quienes no
y los que sí
se cubren de palabras brillantes,
las retuercen,
las cambian
y después dicen Sí
y es No
y el mundo se derrumba
y arriba hay agua
y el aire está abajo
y para respirar,
hay que agacharse,
andar en cuatro patas.
Por eso escribo,
digo Sol,
digo Verano,
mis palabras buenas,
las digo despacio
porque están filosas,
llenas furia.
Las digo ahogándome,
de pie,
en un susurro por ahora.
Hace falta el grito.

Hoy más que nunca. 

21 de julio de 2016

Una alumna extranjera, estadounidense, me escribe un mail después de recibir su nota:

Muchísimas gracias por todo este cuatrimestre, fue una oportunidad inolvidable. Nunca podría encontrar una clase así, tan anti-canónica y con una perspectiva tan objetiva en los EEUU. Si algún día usted viene a Nueva York, me encantaría reunirnos!
Meritocracia es dinero. Solamente eso. ¿No tenés dinero? No merecés mirar fútbol (no es que yo lo mire, la verdad pero el sentido es el mismo que el de no entregar computadoras o libros gratis, o espectáculos o música clásica...). ¿No tenés dinero? No te merecés una jubilación a una edad en la que puedas disfrutarla sin morirte de hambre. ¿No tenés dinero? No merecés una educación universitaria..., claro que no. Y así. Y en el fondo, hay un desprecio infinito para quienes no tienen dinero y necesitan trabajar para conseguirlo. Entiendo por qué las clases altas y medias altas pueden votar esto. Más abajo, es pura hegemonía. Ay, Gramsci.

20 de julio de 2016

Cuando estamos solos, los cuatro en casa (una humana, dos gatos, un perro), los tres me siguen de habitación en habitación, casi siempre. Y no se llevan bien entre ellos, así que todo se llena de ruiditos, amenazas gatunas, chilliditos alegres de Sandokán que se divierte mucho molestándolos sin hacerles daño nunca. Eso me gusta. Yo no sé estar sola, nunca supe. Enciendo todas las radios para que haya voces en alguna parte.


Como sea, hacer gimnasia con Sandokán cerca es una experiencia absolutamente especial. Cuando estoy de pie, no hay problema aunque me mira, extrañado, por los movimientos de los brazos o la cabeza. Cuando me pongo en el suelo...ah, se me acuesta al lado, me pone una pata sobre la mano, me mete la cabeza en la panza y aprieta un poquito (dame bolilla), me muerde la mano con toda delicadeza. Lo peor es cuando estoy en esa media vertical (la verdadera nunca la hice ni la haré, no podía de joven, era una tortura hasta que cada uno de los profes de gimnasia, siempre desesperantes para mí, peores que los de Física, decidía rendirse y me decía "Usted déjelo, Averbach...") porque ahí, Sandokan se desespera: me besa, me tira de las piernas para que las baje, es como que no tolera que esté así, lo angustia y si no, me besa y eso es peor. Así que..., terminé hoy pero creo que mañana va a ser día de descanso y lo voy a dejar del otro de la puerta mientras escucho el concierto de protestas...

19 de julio de 2016

Dos cosas hermosas pasaron hoy en un día enorme, larguísimo que quiero que termine ya y hundirme en una serie o algo que me haga descansar instantáneamente.
Una: me escribió Lidia Blanco, a la que quiero enormemente... y considero una capa de aquellas sobre LIJ y me dijo que le gustó realmente mucho "Los que volvieron", que la emocionó y le pareció excelente. No digo más porque el autobombo puede volverse insoportable.
Dos: Voy a la Feria Infantil en el CCK, lugar que al había ido solamente dos veces antes y me sigue pareciendo hermoso y ahora desaprovechado... (salvo la Feria no vi nada). Como sea, me siento a firmar y de pronto, viene un pibe que yo no recuerdo y me dice que fue mi alumno en la Facultad (a mí me parecía de secundaria, cara de nene completo) y que yo le "cambié la vida"..., que hasta hice que hubiera comunicación entre él y la vieja porque él le contaba las cosas que yo decía de las instituciones totales..., y sigue toda la historia que no voy a contar porque no es mía. Yo me lo quedo mirando, asombrada de lo lejos que pueden llegar las palabras. Con miedo, claro, porque es casi demasiado. Le firmo, le doy las gracias...
Hace un frío terrible y estoy cansada de él pero esas dos cosas me acompañaron todo el día como una especie de cúpula privada tibia y deliciosa, de esas que solamente pueden construir los buenos recuerdos.