16 de mayo de 2018

Justo un día que hay una discusión sobre películas, cuento sobre Fallet (que no tengo idea de lo que quiere decir pero terminamos de ver anoche en Netflix, serie sueco-inglesa). Primero, los gustos, que como digo siempre, existen: no soy buena para el humor. En series, me enganché con poquísimas de ese tipo (nunca,nunca una sit com, esas las odio). Fallet no es Dirk Gently (la amé)... Quizás está un poco más cerca de LittleHammer (o algo así, la del mafioso en un lugar sueco o noruego, no me acuerdo). No me entusiasmó pero de alguna forma en 8 capítulos de solamente media hora (tal vez eso también importe, no sé si hubiera sido lo mismo una hora cada uno), me sentí cada vez más cerca de los personajes. Me gustó mucho la mezcla de sueco e inglés. El policía inglés, tan amable, buenazo y feísimo me pareció un hallazgo, mejor que la joven sueca..., tan gatillo fácil. Creo que lo que me fue encariñando fueron los chistes sobre la justicia social sueca, la forma en que unos y otros miran las armas, ese algo de pueblo chico que siempre me gusta. La pasamos bien, creo. Solamente eso.

13 de mayo de 2018

Opinión de una lectora, que me hizo realmente feliz:

Leí Los que volvieron el fin de semana pasado. Quiero que terminen las clases para que mi hijo mayor lo lea. Quiero que lo lean todos los chicos y chicas de su edad. Quiero que lo lean todos los adultos y las adultas de este país. Quiero escribir una sola historia así de necesaria. Gracias Márgara!

11 de mayo de 2018

La antología de cuentos en Homenaje a Fuentealba, publicada por el sindicato ATEN de Neuquén, compilada por María Cristina Ramos.


9 de mayo de 2018

En estos días, a solas, la otra con Odi, vimos dos películas de ciencia ficción y las dos tenían el mismo problema y planteaban más o menos lo mismo. La que vi sola era algo mejor, la de ayer, The Titan, horrenda.
Las dos plantean la distopía de un planeta que agotamos por completo y en el que ya no podemos seguir viviendo. Por exceso de población y falta de recursos, etc, etc. O sea: lo vemos..., ¿no? No estamos ciegos. Aunque parece que no importara. Esa reflexión aparte, en What Happened to Monday? se destruye durante toda la película una medida cruel pero medida al fin, que implica tratar de que la cosa funcione algo. Y el triunfo de los protagonistas es contra esa medida... o sea, que el planeta va a morir, se supone... En The Titan, se destruye otra medida, un intento mucho más heroico y solitario y típicamente héroe estadounidense, de ver cómo hacer para que después todos nos podamos mudar a Titán. Las dos tienen el mismo problema narrativo porque al final, eso que se destruyó en The Titan parece que no estaba tan mal...
O sea: guión, por favor. Horrible, la verdad. Ni Wilkinson, que es un actor que amo, puede salvar eso y su personaje es tan poco creíble que ni él consigue hacer algo decente con él. En fin..., un horror. El amor lo salva todo..., vayamos a otro planeta a destrozarlo también, supongo... No la vean, digo yo. No vale la pena.

7 de mayo de 2018

Anoche, por fin, terminé de ver una película francesa (no es lo mío, ya lo dije) que me habían recomendado en Netflix: Je ne suis pas un homme facile. Estaba dirigida por una mujer y la idea general me había gustado: mostraba un mundo al revés, en el que las mujeres tienen todo el poder y los hombres nada y por lo tanto, se les obliga a aceptar mil cosas: aprietes y violaciones, manoseos; se tienen que depilar porque a las mujeres les gusta así; se sientan a charlar sobre las infidelidades de las mujeres; las mujeres andan por ahí en tetas pero los hombres tienen que estar bien cubiertos; etc, etc. La idea era buena pero la película (como suele pasarme con lo francés, perdón si hiero susceptibilidades, pero de nuevo, es una cuestión de gusto, no estoy bajando línea ni nada) me pareció demasiado larga, insistente y lenta. El final sí, la vuelta al mundo tal como es ahora, me gustó enormemente, un hallazgo...: la mujer que despierta de pronto en un mundo al revés que el suyo (como antes le pasó al protagonista masculino) se encuentra con una marcha de defensa de las mujeres y ahí ve al hombre, muy cambiado después de su viaje hacia el no poder... Buena idea. Algunos diálogos buenos..., alguna sonrisa. No mucho más (para mí).

6 de mayo de 2018

Ayer de noche terminamos The Alienist. Y da la casualidad que justo antes habíamos visto otra ambientada en el siglo XIX, el siglo sucio y miserable de los libros de Dickens: The Frankestein Chronicles. Así que creo que está bien compararlas.
The Frankestein Chronicles no me gustó del todo. Empezó bien, como un policial extraño en el que aparecían las figuras literarias de la Inglaterra de entonces, transcurre en Londres, Mary Shelley, los poetas románticos (de pasada), que después o mueren o se van a Italia (como pasó realmente). Me pareció conmovedora en muchos sentidos pero el final me molestó. A Odi, no. Eso está muy bien y suele pasar. Sí. A mí, me parecieron mal el cambio de género y la vuelta de tuerca de ese final y me molestó que el personaje con el que yo más simpatizaba terminara en otra parte. Lo disfruté unos capítulos, después ya no. Como siempre en ese tipo de cosa "de época", me encanta la reconstrucción no idealizada: la suciedad, la miseria, el barro, la contaminación, los sombreros raídos del protagonista.
The Alienist es en el mismo momento (un poco más adelante, en el cambio hacia el siglo XX) pero en Nueva York. Y también sobre cuestiones con chicos abandonados..., eso que tanto ve Dickens (escritor que, confieso ahora mismo, no me gusta nada pero me vi obligada a leer). Y esta sí que me gustó. Me gustaron los personajes, el género policial completo de principio a fin, la cuestión psicológica en pañales, la defensa de las mujeres, los marginales, cierto pensamiento científico que estaba empezando. Excepto, claro, el ensalzamiento del señor Theodore Roosevelt en sus tiempos como comisario de Nueva York (eso sí que no pero bueno...). De nuevo, la reconstrucción es excelente, las actuaciones hermosas incluyendo a los chicos (y hay muchos chicos) y ciertos comentarios impagables, sobre todo uno que hace el protagonista sobre el señor J. P. Morgan, bien presente en ese momento en la vida de la gran ciudad. No es Seven Seconds, digo, no está tan jugada, pero vale mucho la pena si uno disfruta de este tipo de historias.

5 de mayo de 2018


Tristeza

Hoy
no hay palabras.
Y eso que yo
siempre ando buscando
palabras,
las rondo siempre,
las cortejo,
las acumulo,
las llamo.
Pero hoy
no.
Hoy hay llanto.
El lenguaje
que siempre llevo conmigo
me desgarra.
Siempre ando buscando
palabras,
dije.
Hoy tengo
miedo de encontrarlas.


El viernes, en Las 12, salió un artículo impresionante sobre algo que pasó en Nueva York. Por fin sacaron del Central Park la estatua del ginecólogo J. Marion Sims. El señor inventó el proto espéculo y soluciones para los desgarros en el parto. Pero lo hizo haciendo terribles operaciones sin anestesia a sus esclavas. Sí, era esclavista y cdo operaba a blancas, las anestesiaba... Porque creía que los negros sufren menos el dolor... Era hora

25 de abril de 2018

Terminamos de ver The Frankestein Chronicles... Es tan rara... Empieza de una forma y parece que va hacia cierto lado y después, bruscamente, creo que porque quienes la hicieron valoran sobre todo la sorpresa, el "No puede ser"..., cambia y ese cambio no me gustó. Lo mismo pasa con respecto a la relación con lo verosímil. Es una en un lado y otra más adelante. Me gustaron la ambientación, el trabajo de los actores, la ropa, toda esa suciedad del siglo XIX..., sí. Pero el guión..., bueno, me desilusionó bastante. No es algo que haya amado ver. Lo mismo digo de Vikings..., que no me entusiasmó cuando empezamos a verla, y vimos muy poco. Eso prueba que no nos enganchó, no solemos hacer eso... En fin, gustos son gustos, como siempre digo: recuerdo a alguien que sabe mucho de series y no siguió con GOT (mi preferida siempre) y en cambio sigue con Vikings. Yo no consigo entenderlo... En cuanto a esta, The Frankestein C..., me gustó que aparecieran los grandes escritores de ese tiempo pero... no termino de entenderla. Creo que no tiene un sentido excepto el de producir sorpresa.

22 de abril de 2018

Hace ya unos años, bastantes, tuve una conversación con mi amiga del alma, Liliana Bodoc, en la que empecé a explicarle lo que me pasaba cuando iba a una reunión o una fiesta de personas de una clase más alta que la mía. Fuimos todavía más amigas después de eso porque apenas yo empecé a describirlo, ella dijo: Ah, eran todos medio de la clase alta... Y las dos nos reímos porque sentíamos lo mismo.
Ese sentimiento extraño de sentirme en Marte, y al mismo tiempo (en los últimos tiempos) de saber que quién soy no incluye ser parte de ese tipo de grupos... Por un lado, sí, la verdad, me siento siempre un cachito superior; por otro, sé que soy la distinta y eso me pone muy incómoda, sobre todo si no me dejan usar mi sistema: desaparecer, ser nada, no hablar, dejar que todo pase a mi alrededor y no decir nada. Si me presionan, yo no disimulo, digo lo que pienso y claro..., me pongo violenta. Pero para esa altura, ya me agredieron bastante así que últimamente tampoco me siento culpable. Así fue ayer... Bueno, una visita a Marte de vez en cuando es tolerable. Lo único que amé fue el grillo que chillaba en un rincón de la pileta climatizada, bajo unos escalones, como diciendo: Hagan lo que quieran, pero la naturaleza sigue acá. Y entonces, yo notaba el aire, la tibieza de verano, las nubes si salía, el verde del pasto demasiado cuidado. El planeta que nadie más notaba. Excepto por el grillo.
Ayer, antes de una visita a Marte (tal vez diga algo en otra publicación), fuimos al cine y vimos "La librería". Me interesaba desde la cola y por una vez no leí comentarios. Hay cuestiones de gustos, claro: yo amo las películas inglesas o estadounidenses sobre pueblitos chicos. Y por supuesto, amo las librerías aunque esta es demasiado canónica en los libros que nombra para mi gusto. Como sea, me encantó. Me pareció bien hecha, bien trabajada, disfrutable, bastante cruda en ciertos sentidos y me sentí muy, muy identificada con ese rol de "la rara" que, en el fondo, muchos o casi todos rechazan en un lugar donde todos se conocen... La pasé realmente bien. Es el tipo de película que me interesa (de nuevo, siempre vuelvo al debate con ciertos críticos, sobre todo hombres y sobre todo de Página): una película dulce o como mucho agridulce, amable y al mismo tiempo terrible en un sentido chiquito, personal, con mucho de visión de la sociedad en general, pero visible para alguien que ya no puede tolerar escenas de crueldad extrema o de tristeza infinita.

18 de abril de 2018

El canon literario (la lista de autores que se suponen indiscutibles y "mejores") y la política de derecha tienen algo en común: se plantean como lo "neutral", lo que está hecho sin ninguna idea política detrás, con cierta idea de "pureza". Ninguna de las dos cosas es cierta. El canon está lleno de política, de expectativas, de "valores", y la política de derecha también. Lo digo porque, a veces, parece que los que hacemos política abiertamente --porque creemos que todo es política (también la escritura, siempre, siempre, hasta en autores que dicen que no)-- hacemos política (eso es cierto) y que los que no dicen que la están haciendo pero defienden, digamos, la meritocracia..., esos no hacen política..., hacen otra cosa, literatura, digamos, o salud o educación o lo que sea...

17 de abril de 2018

Hoy..., el cumpleaños de mi vieja. No hago la cuenta, hace años que no la hago y sé por qué. Yo dejé de festejar el cumpleaños, de buscar regalo, de ir a verla los 17 de abril muchos años antes del año en que murió (2013). Porque ella ya no entendía, no sabía que ese día era diferente, no recordaba quién era ella ni quién era yo. Así que solamente servía para llorarla en vida, creo yo. Ahora que ya no está, puedo pensarla antes, antes de la enfermedad, antes de la ausencia, antes de que perdiera lo que ella más amaba en la humanidad: la inteligencia (no la emoción, como yo; no el sentimiento..., no el cariño; nada eso, ella amaba la ciencia, la capacidad, la solución de problemas). La pienso como era antes y creo que ahora me duele más que en esos años horribles en que estaba sin estar. Recuerdo, por ejemplo: el día en algún momento de esos años en que, de pronto, me miró, y me arregló el pelo. La prolijidad (que yo siempre odié) era parte de su ser... y cuando yo era chica, siempre estuve super prolija y arreglada. En ese gesto era ella... y me hizo llorar, me alegro. Porque, de pronto, la reconocía.

14 de abril de 2018

Ayer, de noche, "El reencuentro", que no se llama así en inglés. De Linklater, un director que yo amo. Me encantaron las tres "Antes del amanecer", "Antes del atardecer", "Antes de la medianoche" y me gustó mucho "Boyhood".
Esta..., se me pareció un cachito al Martín Fierro, pero en otra proporción. Hasta casi el final..., es una protesta dulce, sentida, llena de humanidad y con actuaciones descollantes..., impresionantes, sobre todo la de Steve Carrell y el actor de Trumbo y, supongo, Breaking Bad (serie que no vi ni voy a ver), contra la guerra constante de EEUU en el mundo, contra la locura de esa guerra permanente y contra las costumbres del ejército. Después, casi al final, esa protesta se convierte en negociación, en ir por la "ancha avenida del medio", con perdón... O sea: el final rescata parte de esa cultura del ejército... y rechaza otra parte. Rescata la de la camaradería (que se critica como invención en películas maravillosas sobre el tema, recordaba ayer una con Tommy Lee Jones sobre lo que pasa con su hijo, que murió en la guerra, lejos) y ataca todo lo oficial, lo político. Ese final no me gustó nada. Pero el resto, los diálogos, el humor, los dos personajes que dije, todos menos el de Fishbourne que no me gustó tampoco..., la convierten en una buena película, disfrutable y dolorosa. La pasamos muy bien con amigos y una buena cena peruana después.

13 de abril de 2018

Hoy, en página impar, todo un artículo de una página sobre la marcha de los profesorados, una columna de cinco cuadras, decía el artículo de Página 12.
Ayer, en esa marcha (me quedé hasta las 7,15, desde las 5, después me fui, no me daba más el cuerpo), caminé con amigas y amigos y compañeros de trabajo y estudiantes, juntos, por Corrientes hacia el Obelisco. Inolvidable la sensación de andar por el centro de la calle mientras cantábamos "Mauricio, a ver si nos entendemos, los terciarios, en la calle decimos que no queremos", entre otros cantitos. Cuando llegamos al Obelisco (y yo creo que nunca había marchado por la avenida de los teatros, siempre marché por Avda. de Mayo), de pie en medio de la 9 de julio, en el cruce de los cruces, en ese lugar que en general nos está prohibido cuando somos peatones, recordé con Dani la primera marcha a la que fui: la del 30 de marzo de 1982, justo antes de la Guerra de Malvinas. Para mí, de 23 años, calculo, caminar así por el espacio prohibido desde donde se ven las dos orillas de una avenida era un alivio..., era como recuperar el aire perdido durante siete años de dictadura, como respirar por fin, después de horas de encierro. Me acuerdo de que yo, que soy tímida, abrí los brazos y di una vuelta en redondo. Ahora no lo hice pero tenía ganas y cuando cantaba (mal por supuesto), lo hacía casi gritando...

12 de abril de 2018

El sábado sale mi crítica sobre la bellísima novela de Chimamanda Adichie, "Medio sol amarillo". Leer literatura africana me produce un placer terrible y el oxímoron es intencional... Este libro, que relata las masacres que terminaron en la creación de Biafra como estado separado de Nigeria y después en la guerra entre ambos países, que significó más muertes..., es de una crudeza y una belleza terribles. La recomiendo si les interesa la literatura de ritmo africano con concepciones africanas (no europeas) del tiempo.
Ayer terminamos las dos temporadas de Fargo que hay en Netflix (como digo siempre: no usamos otro tipo de mecanismo de acceso a lo audiovisual). No es el tipo de serie que más me gusta, revulsiva, grotesca, violentísima. Hay algo desesperado y absurdo en las razones por las que se llega a esa cantidad de muertes. La primera temporada se parece mucho a la película Fargo. La segunda no tiene nada que ver. Es la que más me gustó de las dos.
La razón principal por la que soy capaz de ver esas dos historias (y en cambio no veo ni quiero ver otras de ese estilo) es que hay personajes en ellas que encarnan una visión más esperanzada, dulce incluso (y lo dulce me gusta, aviso) de la humanidad: los policías, una mujer y un hombre en la primera; dos hombres en la segunda. Ellos hacen que lo demás sea igualmente revulsivo pero tolerable y hasta "útil" para mí. Ah, me olvido: a mí me gusta que lo que veo esté diciendo algo sobre el mundo, que no sea solamente estética.
Pero la estética importa: en la segunda temporada, que transcurre en tiempos post Watergate con Reagan dando vueltas por ahí (aparece incluso y esas escenas me fascinaron), a fines de la década de 1970, hay un uso correcto, juguetón, interesante de la pantalla partida horizontal y verticalmente..., como se hacía en el cine de ese tiempo y el color también es parecido al de aquellas películas. Y los colores están muy pensados en las dos, igual que las tomas de ese lugar nevado y congelado y terriblemente desierto e inhóspito que es Minnesota.
Las actuaciones, superlativas, tal vez menos Martin Freeman y Billy Bob Thornton en la primera, pero bueno, tampoco tan mal. Lo de Kirsten Dunst, impresionante...
Sé que hay más temporadas pero no están ahí así que esperaremos...

8 de abril de 2018


No sé qué me dio por la nostalgia hoy..., tal vez es este año tan duro, tan diferente, tan final en tantos sentidos... Esa soy yo en la quinta vieja..., un día que claramente era de la mejor época del año, cuando todo el calor está por delante, la primavera. Sé que eso me encantaba. En la foto siguiente, estamos en el maldito mar, con mi tía y mi mamá en una de esas fotos con marquito trabajado típicas de esa época. Ah, cómo iba a odiar yo ese lugar de agua congelada y olas hasta los 15. No sé si ahí me daba cuenta todavía... No sé exactamente cuándo empezó ese odio pero supongo que fue desde esa época o antes.
El viernes, en la presentación de "Negro", el libro de poemas de Langston Hughes, hablaba con Julieta, tan joven ella, y le decía que yo tengo los mismos gustos desde siempre en casi todo (sigo viendo dibujos animados, me siguen gustando, por ejemplo; me prometieron que me iba a gustar la cerveza y nunca pasó; me dijeron que iba a dejar de gustarme lo dulce y me iba a gustar lo amargo, lo ácido, nunca pasó, etc, etc). Así que no sé si odié el mar desde el principio pero supongo que sí el de Mar del Plata porque sé que desde el nacimiento odiaba el frío y las olas y que si hubiera nacido en una playa brasileña sin olas, de agua tibia, el mar me habría encantado. Pero esos odios siguen ahí. Y los amores también: al pasto, al verde, a la primavera, al calor, a la ropa bien suelta y bien de verano... Me miro y no me reconozco en lo físico (claro que no) pero sí en todo eso... Y eso me gusta. Calculo que por eso no se trata de "nostalgia" realmente porque no puedo extrañar lo que todavía tengo.
Ayer, antes de un cumpleaños en el que la pasamos realmente bien, fuimos al cine a ver Project Florida, muy mal traducido como Proyecto Florida..., cuando la traducción debería haber sido "El edificio marginal en Florida" o algo mejor redactado pero en ese sentido... Hacía muchos meses que yo no veía algo que me conmoviera tanto, y que fuera tan triste, tan terrible, tan duro y, al mismo tiempo, tan tolerable, tan bello para mí, que últimamente estoy muy sensible y no me da el cuero para ver películas duras. Creo que la combinación tiene que ver con que el director, Sean Baker, no va para el lado del grotesco, la burla, el cinismo, el desprecio, ese algo despectivo y sobre todo, frío, que hay en algunos productos culturales de los últimos tiempos y que, creo, están de moda. No, él cuenta desde el cariño, desde la mirada empática. Sin distancia. No cuento pero la historia pequeñita que sucede en el lado B de los parques de Orlando, se ve en su mayor parte (no toda) desde el punto de vista de unos chicos muy chicos, que viven en el margen y como suele pasar con los chicos, la pasan bien a pesar de todo. Así se da lo que se da siempre con esta opción: el personaje ve algo pero el espectador (adulto, porque es una película para adultos) ve mucho más, anticipa el espanto, ve venir el desastre. Y el choque de ese desastre con la inocencia es brutal... William Dafoe..., impecable; la nenita protagonista, impecable, increíble. Las tomas, el lugar, todo... El final me llenó los ojos de lágrimas.

Un párrafo aparte es para el público. Es una película para algunos, lo entiendo. No es Marvel ni Spielberg ni nada de eso. Los que fueron al Adrogué Boulevard esa tarde no tenían idea de lo que venían a ver. Yo no soy demasiado hincha con el silencio en el cine, la verdad es que no, no me molesta el murmullito ni el ruido de los pochoclos (como sí le molestan a Odi). Es más, si estoy con alguien como yo, me gusta comentar algo muy de vez en cuando. No lo hago cuando sé que el que está conmigo lo odia. Pero risas constantes, alaridos, burlas en una película que era una denuncia seria, una visión tristísima del mundo..., eso no. Los odié.

5 de abril de 2018

Bueno, terminé She's Gotta Have It, en Netflix, de Spike Lee. Spike Lee para mí es un director enorme (con películas irregulares; algunas, inolvidables; otras, bue...). Esta serie es distinta de otras porque él dirige del primero al último de los diez capítulos. Como siempre, es un canto a un barrio negro, Brooklyn (We're Brooklyners, cantan en los títulos, con fotos maravillosas de ese lugar), esta vez con una mujer como protagonista. Es un alargue de la película, sí, y frecuentemente los personajes miran a cámara y nos hablan, lo cual me encanta; hay un trabajo inmenso con los colores, hay mucha reflexión sobre la relación entre el arte y la vida; el arte y la política (con todo eso estoy de acuerdo...) y hay en el anteúltimo capítulo, creo, o el anterior, un rap sobre Trump que es para recordar, compartir, etc. (Lástima que no sé hacer eso). Me gustó muchísimo aunque yo, amante de las historias, tengo que reconocer que no cuenta una historia con clímax, momentos en que no se puede dejar de mirarla, nada de eso. Es más bien el retrato de una vida negra en los EEUU, una vida heterodoxa, una mujer con tres amantes que quiere vivir así... y los quiere a todos y es artista y trata de salir adelante y tiene problemas de dinero. Eso hace que no sea como esas series tensas que suelo mirar (policiales, sobre todo), en las que una quiere seguir mirando siempre y saber qué pasa después. Esta es de las que se pueden mirar y seguramente volver a ver y dejar en el medio y así. Algo absolutamente distinto, como las de Bahz Luhrmann, otro que amo.

2 de abril de 2018

Ayer terminamos la serie limitada "Unabomber". Gracias Dante, que me la recomendaste. Me pareció excelente, tanto como "Seven seconds", solo que a mí, x lo que estudio, me interesó más Seven. Esta enfrenta cuestiones más amplias, más filosófico generales, como la relación entre ser humano, naturaleza, tecnología, planeta Tierra, dinero. Lo saca del contexto étnico pero ahí está todo. Y está muy bien actuada, los libros son excelentes, el final destruye completamente el típico final feliz de triunfo de la justicia y la mirada binaria. La construcción de los personajes es fabulosa.
Soñé con mi torpeza..., mi manera de desparramar todo, todo el tiempo. Tenía que pagar un hotel porque me iba (ahí había algo más: una amiga de antes a la que había vuelto a encontrar, algo así, pero de eso no me acuerdo bien). Abría la cartera y no encontraba la tarjeta, se me caía todo, trataba de reunirlo una, dos, tres veces, me distraían, recogía una cosa y entonces perdía otra. En fin, algo que suele pasarme..., pero convertido en un espectáculo público. Cuando me desperté, pensé en mamá. Ella tenía una conciencia del ridículo que la había paralizado hasta el punto de arruinarle la vida. Siempre se preocupaba por no dar un mal espectáculo. Su insoportable prolijidad (insoportable para mí, desprolija militante) era parte de eso y le agradezco que cuando entendió mi necesidad de lo desprolijo, empezara a regalarme ropa hippie, suelta, no muy cuidada (como me sigue gustando). Cuando empezó a dar espectáculos, porque lo hizo, por suerte, no se daba cuenta: ya no era ella, la había dominado la enfermedad horrible esa, en el centro de lo que ella más apreciaba, "la inteligencia" (yo prefería la emoción, la expresividad; eran largas discusiones). Por suerte para mí, yo no soy así. En las pesadillas, sin embargo, se vuelve terrible: suelo soñar que llego a dar una clase y me olvidé de ponerme la pollera o se me salió en el baño y sí, me da vergüenza, mucha. Me despierto... Por eso hoy cuando me desperté, pensé que tal vez era eso lo que le pasaba a mamá. La risa no es lo mío (como no era lo de ella: el humor, excepto el intelectual, me pone muy incómoda y sé que esa es su herencia) pero sé reírme de mí misma de vez en cuando, aunque no en los sueños. En eso, por lo menos en la realidad, creo que soy mejor que ella.
Bueno, ahí va. Creo que Unabomber me explicó un detalle más de mis gustos en libros, series o películas. Ya dije que no me banco las historias donde todos son una mierda, todos. Yo necesito alguien a quien comprender, defender, alguien x quien hinchar, digamos. Las que más me gustan son las que muestran algo rescatable, dudo en usar la palabra xq suena boba y hasta religiosa pero sí, algo profundamente bueno en casi todos, no todos pero sí muchos... lo cual para mí se define en relación con la forma en que cada persona se pone frente al otro. Así, lo que más me fascina son series como el Unabomber, en las que hay algunos en la ley que uno defendería pero esos son los que también tienen empatia con el supuesto "malo". Sí, es que no me gusta el cinismo. Prefiero la esperanza.
Esta es la semana para pensar en los gustos. Pasó algo que no suele pasarme. En general a mí me gustan y mucho películas que los críticos de Página 12 desprecian. Pero es más raro que les gusten películas que no me convencen o directamente me parecen malas. Esa diferencia me parece lícita y festejable. El problema es la seguridad canónica con la que ellos dejan de lado a los que no compartimos sus gustos. Creen que hay un gusto bueno y los demás malos. Misma actitud que quienes creen que los que no disfrutamos de, digamos para hablar de mí, el champán, el caviar, la rucula (por poner cosas que realmente me desagradan), tenemos "mal" gusto.
Ready Player One, entonces. No, no me encantó. Digamos que me pareció... bien contada, sí, Spielberg sabe contar. Nada más. Las razones por las que les gusta a ellos son las mismas x las que no me gustó a mí.
Uno y principal, la catarata de citas intertextuales de cultura pop. Ese tipo de recurso posmoderno es algo que no me gusta. Es elitista xq exige un lector, espectador con conocimientos previos. Muchos. Con respecto a los juegos electrónicos, yo soy totalmente ajena a ese mundo. Me quedé fuera del festival. Odi tuvo que explicarme qué es un huevo de Pascua... Pero me disgusta hasta cdo estoy adentro...
Dos. No entiendo el sentido general... Se pelea x el control de un juego... Nada más. El mundo real es terrible y nadie habla mucho de eso. Más, como en Parque Jurásico, acá mueren inocentes y no tiene ninguna importancia. Ninguna. Y todo es pura competencia. Me divertí, sí. Nada más. Me acuerdo de que otra película que aplaudieron y yo odié, realmente me dormí, fue Policía Adjetivo. Pero esa en lugar de ser demasiado rápida, era inmóvil, tan divertida como chupar un clavo. Ah, creo que como siempre, todo es muuuuuy masculino.
La plaza del 24 de marzo
En este lugar,
estamos.
En esta esquina.
En este ombligo
que une a la madre
con el hijo.
En este puente
de plaza y rabia y
monumentos.
Acá,
cuando queremos,
somos canto
y cuando queremos,
crecemos hasta
tocar
las alas abiertas
de los pájaros.
Aunque llueva
(y hoy está lloviendo).
Aunque bajen
la niebla, el miedo
y no podamos vernos.
En esta plaza nuestra,
que también es ajena
pero se hincha así,
cien veces x año,
cuando llueve
(y hoy llueve mucho),
no importa
porque
nosotros
apenas estamos empezando.
Esto pasó el 28, cuando cerramos la Semana de la Memoria con lecturas en el patio de la Fundación. La excusa era un ciclo que organiza la Municipalidad que se llama "Patios con Hstoria", recordar que ahí funcionó hasta el 85 la oficina de"Identificaciones" de la Policía. Cuando nos entregaron el espacio para poner la biblio jamás pensamos que encontraríamos celdas (individuales y colectivas) en el corazón de esa manzana. Sólo dejamos una, el resto lo convertimos en patio. Y ahí nos juntamos. El Hongo Morresi relató con mucho humor cómo logró escapar de allí mismo en 1975, unos meses antes del golpe. Miguel Molfino contó una escena de lectura en su celda de preso político y leyó poemas de Miguel Ángel Bustos, la abuela cuentacuentos Cristina Figueredo, también ex-detenida leyó "La Composición", de Silvia Schujer y su hija Emilia un poema de Paco Urondo. Muchos lloraban con la lectura del cuento y Clau Roble contó entre lágrimas que ella, chiquita, estaba debajo de la cama cuando se llevaron a Cristina, igual que la nena del relato. Emilia dijo "qué suerte que puedo escuchar ahora a mi mamá contar todos estos cuentos, que no pudo contarme cuando la tenían presa". Coqui Capitanich, que vino en calidad de Intendente, leyó el cuento "La mano en la pared" de Márgara Averbach y por un rato todos los que estábamos ahí fuimos, esencialmente, madres, incluso los hombres. Rocio Delssin cantó canciones para la memoria acompañada en el piano por Juan Mora, no las de siempre, otras, igual las sabíamos todos. Y nos reímos y disfrutamos muchísimo estar juntos y estar vivos. Todos se llevaron textos de Oesterheld, de Roberto Santoro, de Elsa Osorio, de Haroldo Conti, además de los compartidos. Al día siguiente Marìa Julia Catalina soñó con Fernando Piérola.


30 de marzo de 2018

Soñé con mi torpeza..., mi manera de desparramar todo, todo el tiempo. Tenía que pagar un hotel porque me iba (ahí había algo más: una amiga de antes a la que había vuelto a encontrar, algo así, pero de eso no me acuerdo bien). Abría la cartera y no encontraba la tarjeta, se me caía todo, trataba de reunirlo una, dos, tres veces, me distraían, recogía una cosa y entonces perdía otra. En fin, algo que suele pasarme..., pero convertido en un espectáculo público. Cuando me desperté, pensé en mamá. Ella tenía una conciencia del ridículo que la había paralizado hasta el punto de arruinarle la vida. Siempre se preocupaba por no dar un mal espectáculo. Su insoportable prolijidad (insoportable para mí, desprolija militante) era parte de eso y le agradezco que cuando entendió mi necesidad de lo desprolijo, empezara a regalarme ropa hippie, suelta, no muy cuidada (como me sigue gustando). Cuando empezó a dar espectáculos, porque lo hizo, por suerte, no se daba cuenta: ya no era ella, la había dominado la enfermedad horrible esa, en el centro de lo que ella más apreciaba, "la inteligencia" (yo prefería la emoción, la expresividad; eran largas discusiones). Por suerte para mí, yo no soy así. En las pesadillas, sin embargo, se vuelve terrible: suelo soñar que llego a dar una clase y me olvidé de ponerme la pollera o se me salió en el baño y sí, me da vergüenza, mucha. Me despierto... Por eso hoy cuando me desperté, pensé que tal vez era eso lo que le pasaba a mamá. La risa no es lo mío (como no era lo de ella: el humor, excepto el intelectual, me pone muy incómoda y sé que esa es su herencia) pero sé reírme de mí misma de vez en cuando, aunque no en los sueños. En eso, por lo menos en la realidad, creo que soy mejor que ella.

Ayer terminamos la serie limitada "Unabomber". Gracias Dante, que me la recomendaste. Me pareció excelente, tanto como "Seven seconds", solo que a mí, x lo que estudio, me interesó más Seven. Esta enfrenta cuestiones más amplias, más filosófico generales, como la relación entre ser humano, naturaleza, tecnología, planeta Tierra, dinero. Lo saca del contexto étnico pero ahí está todo. Y está muy bien actuada, los libros son excelentes, el final destruye completamente el típico final feliz de triunfo de la justicia y la mirada binaria. La construcción de los personajes es fabulosa.

28 de marzo de 2018

El impulso del poder es borrar (de eso tratan los libros que realmente me gustan y los libros que trato de escribir: de los que no se dejan borrar): borrar a Evita del edificio de la 8 de Julio a la noche, sacándole la luz durante unas horas; borrar los pañuelos de una plaza. Borrar de la prensa toda noticia que no les convenga; borrar todas las voces hasta que el diálogo que dicen promover se convierte en un monólogo terrible; borrar de la faz de la Tierra a los de abajo, sean chicos, jóvenes, mujeres u hombres; borrar cualquier reclamo con ruido, ruido y más ruido. Borrar. Bueno..., no hay que dejarse. No nos borran tan fácil..., eso hay que pensar.