14 de octubre de 2016

Todos los octubres llegan los paraísos y el perfume me levanta en el aire y me convierte en emoción pura, en pura alegría. A pesar de todo.
Y octubre es también el mes de los lapachos. Por eso, viajo en peregrinación hasta un barrio al que no pertenezco (ni quiero pertenecer), un barrio que me desagrada en su terrible limpieza, egoísmo y grandeza, uno de los barrios de este gobierno: Palermo Chico para ver al mejor lapacho que conozco, un árbol grande, solo, detenido en la vida que se convierte en flor pura, en enorme nube entre rosada y violeta. Fui ayer. Y después, caminé un poco hasta la galería donde trabaja mi hija y la visité y seguí caminando hasta mi trabajo en el Lenguitas.
Primavera.





1 comentario:

Jorge Prinzo dijo...

Y los jacarandás ya tienen todo listo para la explosión lila de cada noviembre.
Ayer, en una vereda de Parque Chas, vi en el suelo y al lado de un paraíso, a una planta de mburucuyá, con esas flores imposibles que solamente conocía de fotos de otras regiones. Una linda sorpresa.
Que tenga una buena semana.