26 de agosto de 2018
Ayer, Dulce país, Sweet Country. Cdo la anote en mi lista de películas voy a saber desde cdo no veía una tan buena. Creo que desde Isla de perros, de Anderson. La película parece una historia sórdida y antigua (tiempo de los caballos, una especie de típico western australiano) en un pueblito de algún lugar del interior de ese país enorme pero es otra cosa y lo que es se dice en el título, Sweet Country, y en el medio, cuando uno de los personajes dice la frase del título, y sobre todo al final, cuando el personaje de Sam Neill dice su última frase. En ese momento, casi al final de la historia, si se presta atención, los que miran entienden todo lo que vieron como una metáfora de un país que sufrió y sufre colonización (como toda América, como África). Y entonces, todo toma un nuevo sentido. La parte visual de la película es impresionante y bellísima (creo que habría que verla solamente en el cine) y el hecho de que nunca, o casi nunca, hay ninguna música, también. En las actuaciones, las pocas palabras, los rotundos paisajes, el país del título se desgarra y se muestra con una falta de piedad intensa que hace prever el final. Miré mi lista de películas y solamente dos me gustaron así en los últimos largos meses, Isla de perros y Visages Villages pero esa última es un documental y por lo tanto, para mí, no es lo mismo. Estoy feliz de haberla visto porque es de esas que no pasan de este tipo de cine (cine arte) y no llegan a la televisión... Si pueden, recomiendo...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario