Va la segunda: The Code, en Netflix. Últimamente, no al hilo pero sí bastante cerca una de otra vimos tres series australianas... Y el ritmo, la luz, el clima, los planteos son tan opuestos como pueden ser a las series nórdicas como Sorjensen, digamos, la última que vimos. Me gusta mucho más lo de Australia aunque sí disfruto de las nórdicas... Me gusta todo eso: el rimo (más rápido, más emocionante, más difícil de dejar), la luz (fuerte, abierta, menos invernal y más dulce, aunque también cruel); el clima, claro..., desde ya. Y los planteos: muy, muy políticos (bueno Sorjensen también pero de otra forma), muy llenos de comentarios duros sobre nuestra realidad, muy coherentes (aunque una pueda estar en desacuerdo).
Esta última fue The Code, El código..., de nuevo en ese lugar extraño, Camberra, y con una pata en el gobierno y sus servicios secretos, etc. La forma en que se relatan los horrores del poder, los ocultamientos, los abusos, las torturas, el "todo vale" tanto de los de arriba como de los criminales de cualquier tipo, es fabulosa. Las actuaciones, de todos menos una actriz (no la nombro porque no me acuerdo el nombre pero es realmente mala), excelentes (salvo un cambio final en la segunda temporada que me hizo mucho ruido y creo que es culpa del director). La puesta en escena también. Y de nuevo, las relaciones internacionales de Australia: con Papúa Occidental, con China, con EEUU, con Indonesia, con países que uno no suele oír nombrar. Y los problemas ambientales, que les interesan siempre... Claro que en ciertos debates, como el de la segunda temporada, entre la lucha pacífica o armada por la justicia pueden parecerme un tanto simplistas pero los personajes, en cambio son tan ricos, tan profundos, tan difíciles de separar entre "buenos" y "malos" (excepto el último malo, claro y los dos buenos, que son los protagonistas pero eso lo entiendo) que vale la pena verla. Me divertí enormemente... La recomiendo. Tanto a esta como a Secret City.
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