11 de agosto de 2018

En medio de la gripe, anoche, un sueño. Odi y yo estábamos en una terraza que daba a una calle estrecha. Del otro lado, más abajo, había otra terraza, adornada como si fuera puro orientalismo (digo, la imagen que da el cine de los lugares en que viven los samurais japoneses, telas rojas que colgaban, esterillas para sentarse, cuencos hermosos, eso). Y nos sentábamos a mirar porque había un espectáculo de artes marciales que ellos ensayaban. Muy lindo. En un momento, entraba un elefante grande, medio monstruoso, que a mí me caía muy bien (yo siempre estoy de ese lado en las corridas, y creo que ese elefante era parte del espectáculo. Todo bien hasta que de pronto, el elefante abre unas alas que nadie había visto antes y se viene volando hacia nosotros. Y entonces, nos asustamos. No lo esperábamos... No sé qué pasó: con el elefante llegó el ataque de tos y me desperté, cosa que lamento.

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